
Lamentablemente, sólo quedan esas dos posibilidades. Hace largo tiempo que está haciendo méritos para que se la encasille como completamente burra o irremediablemente idiota. Pero al no terminar de decidirse (ella misma) cuál es la categoría que mejor le sienta, creo que le queda al pueblo asignarle la correcta.
Sin extenderme demasiado en los errores de nuestra presidenta cometidos en las ramas “tradicionales” de la política (como malas gestiones, pésimas respuestas, soluciones incongruentes, inexistente reacción a reveses predecibles y un eterno etcétera), quiero centrarme en dos cosas que todo político debe hacer bien, aunque falle en el resto. Esas dos cosas pueden desatar conflictos internos y externos e inclusive han comenzado guerras y revueltas a lo largo de la historia. De hecho, sin esas dos cosas, un buen político o estadista se convierte exactamente en lo contrario. Esas dos cosas son: protocolo y diplomacia.
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