
Ayer, mientras iba a tomar el colectivo para laburar (vistiendo ropa de trabajo inclusive), se me acercan dos gronchos villeros (sí, después digan que los victimizamos, aunque sean los mismos de siempre y sepamos que les encanta delinquir). Eran apenas pasadas las 21 horas en una zona bastante transitada (a 1 cuadra de Av. Rivadavia, yendo por otra avenida) y se me ponen al frente pidiéndome monedas. Para los que anden por la calle, saben que ésto es hipercomún y siempre nos encaran mangueando algo. Mi discurso empezó como siempre, con un “voy a laburar, no tengo nada encima (mientras paso la vista por el uniforme)”. Algunos se ponían pesados igual, y era cuando había que largar alguna moneda, seguir hablando o empujarlos y seguir de largo (dependiendo el caso).













