Sin amonestaciones en las aulas (o cómo educar sin disciplina)

Las amonestaciones fueron impuestas en las escuelas argentinas en 1943 como medio de “castigo” a los alumnos que violasen algún tipo de regla (falta de respeto al profesor, peleas con los compañeros, etc). El alumno que percibiera “x” cantidad de amonestaciones, pasaba a ser suspendido o incluso expulsado del establecimiento educativo.

Los expertos que debatieron sobre si eliminar el sistema de amonestaciones o no, se basaron en decir que iba en contra de la Convención Internacional de los Derechos Del Niño. Se reemplazaría por un sistema de convivencia con una propuesta más integradora. Este nuevo lineamiento fue presentado por la Diputada Justicialista Juliana Marino junto con el Secretario de Educación Horacio Sanguinetti, Emilio Fanfari (consultor de UNICEF) y Esther Aguirre de Martínez (directora de Educación Media), entre otros. Se daba como la panacea de los sistemas de control estudiantil al darles más libertad y menos “represión”. El presidente De La Rúa vetó la medida, pero fue impuesta efectivamente en 1999, bajo la ley 223.

Hasta aquí, toda la teoría fue perfecta (para ellos), pero ahora se demuestra una vez más que es completamente inservible.

El rector de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) reclamó que vuelva el sistema antiguo de amonestaciones, ya que existe desborde disciplinario y que la autoridad está resentida. De Vincenzi del grupo Vanguardia Educativa (Vaneduc) se sumó diciendo que la falta de premios y castigos anarquiza la tarea escolar.

En contraposición, Mariano Narodowski (actual Ministro de Educación de la ciudad) considera improbable la vuelta atrás sobre la medida. Según él: “hay que tener un sistema centrado en el consenso y en las sanciones justas”, “las amonestaciones son un sistema muy autoritario”, “se sacaron porque no eran eficaces para el control de la disciplina” y demás.

Ahora bien: si el sistema de control de disciplina no funciona, se quita cualquier forma de instaurarla? El sistema de disciplina para los estudiantes agresivos se supone que sea autoritario. No se puede consensuar en materias de autoridad entre un maestro y un alumno. El primero es el que debe dar seguridad y disciplina para todos los estudiantes, no al revés.

Como si ésto fuera poco, el Ministro de Educación (que parece faltarle argumentos para ser lo primero en el marco de lo segundo) dice “se portaban bien (los alumnos con el sistema de amonestaciones) no por convencimiento, sino por el sistema que había”… Primero dice que no funcionaba, después que funcionaba pero no por comprensión. Si el alumno no comprende la amonestación, se le explica (educa) el porqué. Claro, es más fácil sacar un sistema de autoridad que intentar educar como se debe. Loable, mucho más si lo dice un Ministro de Educación…

Como ejemplo de la vida real: “En una escuela donde un alumno era hostigado y golpeado por tres compañeros, se decidió, para preservar al estudiante, que permaneciera durante los recreos en el aula. En vez de sancionar a los agresores, se castigó a la víctima”, dijo De Vincenzi. Impecable sistema, verdad? Una escuela justa para un país justo, tal cual lo merecemos.

Nadie parece tampoco ponerse en lugar de los maestros. Con todos los maestros con los que he hablado, todos concuerdan en que, desde la “abolición” de las amonestaciones, el aula es un caos. Y esto sucede en cualquier año y cualquier tipo de escuela. Los maestros deben soportar insultos, faltas de respeto, ver lo mismo entre sus alumnos y no poder hacer nada. Acaso fue una medida para proteger a pequeños “aprendices de delincuentes”? Con el régimen “antiamonestaciones” se logra que los alumnos hagan cualquier cosa, todo vale, porque la sanción no existe. Da igual respetar a la autoridad o agredirla.

El que comete una falta grave, debe saber que habrá sanción por ello. De otro modo, se fomentaría y cultivaría la violencia, la falta de respeto y de límites junto con el sentido trastocado del bien y del mal. Recordemos que estamos formando futuros ciudadanos habitantes del mundo, la escuela es el comienzo. Acaso la sociedad sería mejor sin ley? A quién se le ocurriría?

La falta de límites y la inacción de las entidades educativas desembocan en algo no sólo avizorable a distancia, sino también de crecimiento contínuo e irremediable: el avance de casos de violencia escolar y de falta de inserción en la comunidad por parte de los estudiantes. Todo esto, a un ritmo vertiginoso. Veamos sino las últimas noticias: chica de 12 años atacada en Tucumán y estudiante apuñalado en Paraná, más violencia en Paraná, preocupante nivel de violencia escolar, dos chicas cortan a otra con una trincheta, alumno atacado en San Isidro, el 50% de los alumnos de primaria tienen algún nivel de agresividad (estudio oficial), estudiantes atacan a otro con un perro pitbull, alumno muestra un arma en el secundario, alumno de 15 años con prontuario de antecedentes escolares demorado por amenaza de bomba, uno de cada 4 alumnos vio un arma en su escuela, 3 días (solamente) de suspensión para alumno que agrede a su maestra, alumno mata a otro de 3 puñaladas. Tenga en cuenta que éstos son algunos casos… en sólo 4 meses!

Creo que sobran pruebas para demostrar que el sistema de amonestaciones es extremadamente necesario en estos momentos. Como así también otras entidades que conduzcan la educación de nuestros hijos con más inteligencia y esmero que las actuales.

Fuentes: (1), (2), (3), (4), (5)

ACTUALIZACION 13/08/2008: Hoy en las secundarias de Capital Federal se ha vuelto a imponer un régimen “moderado” de amonestaciones. Aunque no es la vuelta al sistema anterior, es un paso más hacia la restitución de la autoridad a quiénes verdaderamente deben aplicarla: los educadores (y no los estudiantes). (NOTA)

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