Desaparecido (sin acción, y con muchos problemas) – Parte 2

Cuesta abajo 2

Esta es la segunda parte del posteo sobre la situación actual que estamos viviendo con mi familia. Si quiere leer la primer parte, puede hacerlo desde AQUI.

Como había explicado ya en la parte anterior, la situación era desesperante en lo económico y no quedaban muchas soluciones a la vista que pudieran aplicarse. El presente de mi trabajo era terrible y el futuro pintaba como fatídico. Lo que tanto tiempo había hecho y que nos había hecho crecer y mantener hasta ahora, ya no funcionaba. Era muy difícil para mí, pero supe que mi trabajo estaba muerto y debía enterrarlo. Tenía que aceptarlo. Y esa aceptación abría otros caminos que también eran difíciles aceptar.

Uno de ellos era el tomar un trabajo ‘normal’, dependiente. Tal vez pudiese seguir trabajando solo en otra cosa, pero la urgencia de tiempos hacía eso impracticable. La ‘normalidad’ era la única opción como para salir adelante. Pero entonces se daba el otro dilema “¿trabajar en qué?“. El único título que poseía era el de Perito Mercantil (como el 70% del resto de los argentinos). No tenía nada más. Mi trabajo era autodidacta y no especializado, era casi invendible para cualquier empresa (salvo como una notación en los currículums). Sé más de computación, de seguridad, de redes, de ventas, de publicidad (y demás) que el promedio de los mortales, pero no tenía cómo demostrarlo o pintarlo como interesante. Más cuando hoy todos piden pibes de 24 con años de experiencia…

Empezó entonces la búsqueda ‘por dentro’. Los que vivimos en Argentina sabemos que el trabajo casi siempre se consigue por amistades, conocidos, familiares y demás ‘ganchos’. Muy pocas plazas se cubren por medios tradicionales en otros países (como currículums regulares a empresas, pedidos publicitarios, etc). Cuando una plaza se libera, siempre se va al “¿conocés a alguien que pueda ocuparla?“. Creo que esa es una de las causas de por qué el país va como va… pero no me voy a ir por la tangente hoy.

Consulté a los cercanos por algún puesto administrativo, en el que de seguro me iba a manejar bien. Pero nada. Había un par de puestos vacantes, pero estaban trabajando con personal reducido (los que estaban se deslomaban, pero no pedían). Quedaban lugares algo técnicos y de fuerza, pero ahí no hay vuelta que valga: por más empeño que ponga, no soy bueno en eso. Soy pésimo para lo manual (nunca hice un buen trabajo, y cuando lo hago tardo muchísimo tiempo) y lo de fuerza… bueno, pesando 55 kilos y habiendo levantado ‘grandes’ pesos de 20 cds a la vez… creo que les dá una idea 😛 . Si hasta cuando levanto a mi hija me quedan los brazos temblando.

Con ese nuevo mareo encima (el de no poder encontrar nada), en una charla con uno de mis cuñados le pregunto de forma cuasi-chistosa: “¿todavía te queda el trabajo que me ofreciste hace 3 o 4 años?“. Sorpresivamente, me responde que sí.

Por el tema de anonimato, no puedo decir demasiado. Pero era un trabajo técnico relativamente tranquilo que implica el manejo y control de maquinaria (no trabajosa, pero sí peligrosa). En su momento no acepté porque mi trabajo nos seguía manteniendo y continuaba funcionando (ya en declive, pero con la posibilidad y esperanza de poder levantarlo), y por los ‘colaterales’ del nuevo en sí (además del peligro, estaban los horarios rotativos (en 6 semanas debía cubrir las 24 horas), el único franco semanal (rotativo también), el trabajar sindicalizado, el ‘no ser lo mío’ y varios etcétera).

Ahora, el trabajo ofrecido era el mismo. Los puntos positivos eran el sueldo (rondaba los $3300), el ‘combo’ propio de trabajar en blanco en relación de dependencia (obra social, jubilación, cuenta bancaria, etc), la tranquilidad del trabajo (solitario, sin demasiadas exigencias, con poco contacto con gente), la posibilidad de mucho tiempo libre (es un trabajo ‘de estar’, por lo que la mayoría del tiempo es libre dentro de todo, lo que me permitiría (por ejemplo) comprar una notebook y seguir haciendo parte del trabajo regular, o investigar/bloggear, o perderlo en red sin sacrificar $$) y… un baño privado (algo que los que tenemos síndrome del intestino irritable apreciamos mucho 🙂 ).

Sin dar el sí definitivo, pedí visitar los sitios de trabajo como para tener una mejor perspectiva. Tampoco me gustaron las condiciones de las maquinarias y las locaciones (lo que multiplicaba los riesgos), pero con esa mezcla de resignación, desesperación y aceptación, dí el ok para prepararme. Los puntos positivos me parecían ahora mucho más pesados que los negativos en mi balanza.

La cosa igual no era tan fácil: debía hacer un curso y dar un exámen que me certificara. Me dieron unas fotocopias que el personal había usado (como faltaban puestos por cubrir, en la empresa habían empezado a preparar a plomeros y electricistas para cumplir la demanda) y tuve que volver a ‘aprender a aprender’. Me tranquilizaron diciendo “acá hay cada mono que apenas sabe escribir y aprueban, vos pasás de taquito” (sic), pero eso no quitó el miedo de volver a pasar dos pruebas mucho más importantes: la de volver a demostrarme que mi cerebro seguía funcionando y activo (cosa que ya dudaba con la situación y la apatía), y la de ponerme en el punto final de aprobar y solucionar, o de fallar y quedarme sin opciones.

Le pegué una leída rápida al curso y le pedí a mi esposa que me tomara un cuestionario que venía adjunto al final con cerca de 50 preguntas. Respondí más de la mitad bien, lo que me dió la pauta que no era tan complicado. De todas formas y sabiendo que leyendo solo eso aprobaba, ví que faltaba información (o no estaba clara) y (como buen culo inquieto que soy) amplié los datos por internet. Me estudié todo el choclo y hasta buceé en libros de física y química. Entonces paré porque sino no terminaba más.

Al momento de dar el exámen en el Gobierno de la Ciudad (algún día tal vez exponga mis consideraciones y experiencias al respecto) me pasan el último dato: tomaban oral de a 2 o 3 personas. Perfecto, siempre me había manejado muy bien en los orales porque uno puede chamuyar en base a lo que lea en la expresión del que toma, aunque mucho no me agradó la idea de tomar ‘en bloque’ porque era un arma de doble filo.

Una vez allí y ya sentado junto con otras dos personas, empiezan a preguntar por la experiencia de cada uno. El primero trabajaba ya de la Guerra de Malvinas (casi 30 años, militar él), el segundo hacía un año y medio. Y yo… bueno, tuve que mentir un poco. Decir que lo más cerca de maquinaria que había estado era de un ventilador, no creo que hubiese ayudado mucho 😛 . Al primero lo aprobaron a los 3 minutos y quedamos dos.

Hice uso de la psicología del oral en grupo, respondiendo primero las preguntas ‘tiradas al aire sin destinatario’, corrigiendo/ampliando información del otro aprendiz y hasta me dí el lujo de hacer una consulta técnica muy poco documentada (que realmente quería saber) a los que me tomaban, lo que demostró lo que tenía encima y el ‘hambre de saber’ (algo que siempre les cae bien a ellos). O sea, me comporté como una verdadera basura… El otro aprendiz estaba medio mareado y respondió mal cosas básicas (y eso que trabajaba de eso desde hacía tiempo). Conclusión: me hicieron sólo 2 preguntas directas (la primera era un 50/50 que acerté con un poco de lógica, no por saberlo) y el resto fueron ladrillazos para el otro. Resultado: aprobamos los dos.

Ya pasados todos los temores y con mi nueva profesión (certificada oficialmente) a cuestas, me preparé como para entrar a un nuevo mundo. Dejé casi definitivamente de trabajar (porque la toma era en teoría en 1-2 meses) y entré en una etapa de distensión mezclada con un nerviosismo calmo. Distensión porque esos $3300 (1000 dólares, para muchos una gran suma, para otros un ‘no se hace nada hoy con eso‘) nos solucionaban todos los problemas; nerviosismo porque debía entrar en un terreno completamente nuevo. Pero lo primero era más fuerte que lo segundo. En menos de un mes de trabajo resolvía todas las deudas contraídas, y hasta ya había empezado a buscar notebooks.

Entonces llega la mala noticia típica de estos días: habían dado la orden de ‘la cúpula’ de donde iba a ser tomado, de empezar a echar gente. No sólo no debían tomar nuevo personal, sino también empezar a echar a material prescindible. El tema es que el trabajo que haría (al ser obligatorio por normativas nacionales e internacionales) es imprescindible, pero habían entrenado tanto personal secundario para hacerlo, que los cupos estaban completos (en vez de echar a muchos, derivaron para suplir). Mi cuñado no podía hacer nada. Aunque me dijo que el trabajo era seguro (iba a echar a 2 de ‘mi división’ y tenían que jubilar a 2 más), no había ya un tiempo estipulado para entrar. Tal vez entre octubre o diciembre…

No sé si llamarlo ‘distensión muy esperada’, ‘crisis interna’, ‘distress’ o ‘depresión’, pero fue (es, de hecho) lo que me atacó a pleno. Algunos síntomas fueron el desapego total por internet (chequeaba mails 1 vez por día y nada más, ya no leía noticias o blogs, no escribía en el mío tampoco), a veces me sentaba mirando el escritorio de la PC sin hacer nada por un tiempo, había dejado de mirar películas (que tanto me gustan), dormía muy poco (6 horas en el mejor de los días, 2-3 en los peores), tenía menos ganas de salir y me pasaba gran parte del tiempo en sitios de juegos flash perdiendo totalmente el tiempo (pero ni siquiera divirtiéndome o disfrutándolo). Ya no me interesaba casi nada ‘del afuera’: no leía, no expresaba, no me informaba, no veía series, no tenía interés de hacerlo tampoco. Y con cara de póker todo el tiempo.

Lo raro del tema es que la situación familiar fue mejor: me enlacé mejor con mi familia ‘tradicional’ y con la propia casera, creo que fueron los momentos que más estuve o jugué con mi hija, prestándole mucha atención y preocupándome por entenderla (y que me entienda) a través del trato y la experimentación. No era una depresión común, ni un desapego común, ni una crisis común. Pero siendo alguien tan poco común, vaya uno a saber qué fue lo que me atacó (ataca, mejor dicho).

El trabajo no pude retomarlo como debía, tanto por mi rareza interna como por las características del mismo. Como para explicar mejor el tipo de trabajo, imagínense una bicicleta común y corriente. Uno empieza haciendo mucha fuerza y las ruedas ni se mueven, pero con el tiempo (y aplicando el mismo esfuerzo) empiezan a ceder y a moverse de a poco, hasta que llegan a su máxima velocidad y uno luego puede aplicar menos y menos fuerza para mantener la bicicleta andando (mientras no hayamos llegado a destino). El problema es que también funciona a la inversa: uno no puede parar la bicicleta en seco, necesita de tiempo para ir frenándola si no quiere terminar de nariz contra el piso y todo magullado. Es por eso que también me cuesta ir de vacaciones.

Eso es mi trabajo, y el trayecto entre empezar a aplicar fuerza hasta detenerla es de varios meses. Es por eso que si sé que tengo que abandonarlo en poco tiempo, no puedo empezar a pedalear, porque al momento del frenazo quedaría con clientes con plazos de entrega o con pagos adelantados (por ejemplo) a los que no podría cumplirles. Estaría entre la deshonestidad y la estafa. Y eso en el mejor de los casos, porque si el cambio se hace al momento de los primeros pedaleos, terminaría aplicando mucho esfuerzo sin poder ver andar a la bici. Es un escenario de pérdida-pérdida.

Y así, llegamos al día de hoy. Bueno… casi. Otras cosas se fueron dando sobre la marcha, que intentaré plasmar en la tercera (y… ¿última?) entrega de esta etapa de historia personal. ¿Que si son buenas noticias? Les respondo con un diálogo de la película Cloverfield:

– (Chica, al aparecer un monstruo) ¿Pero qué diablos es eso?

– (Muchacho) No sé. Algo terrible.

– (La misma chica, unos minutos después, ante otro monstruo distinto) ¿Pero qué diablos era eso?

– (El mismo muchacho) No lo sé. Algo más… también terrible.

(La tercera y última parte puede leerla AQUI)

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Acerca de PiensoLuegoPiensoLuegoExisto (PLPLE)

Tratando de entender el mundo sin morir en el intento...
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9 respuestas a Desaparecido (sin acción, y con muchos problemas) – Parte 2

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  2. Ceo dijo:

    Es un alivio el alivio que te llegó. Lo que no entiendo es por qué tu trabajo independiente que te funcionaba bárbaro de repente dejó de hacerlo. En algún futuro más sólido se me ocurre que lo vas a retomar.
    Te mando un abrazo.

    • @Ceo: Es un ‘casi alivio’ en realidad, porque el retraso sigue… En la próxima parte por ahí queda todo mejor plasmado.

      En realidad el trabajo decayó mucho, pero no llegó a cero. El tema es que estaba dejando (cuando me deslomaba) unos $1000 de promedio, y con esa cifra hoy no cubro demasiado, mucho menos alquilando. El trabajo sigue andando, pero ya no es rentable para nosotros.

      Es muy probable que retome algo de lo que hago. Ya las ventas en sitios de remate, de seguro que las mantengo, es algo que creo que no voy a dejar porque siempre aporta unos $$ a fin de mes sin moverse mucho. Con lo demás, no sé, es probable que retome un poquito; al día de hoy muchas ganas no me quedan, pero no puedo descartar nada a futuro.

      Saludos y gracias!

      @Marcial: Hola, ¿cómo están? ¿Mejoró el ambiente o sigue como la Argentina toda?…

      Ya explicado un poco más a @Ceo para clarificar. Concuerdo lo que decís de los ‘monstruos’. Creo que parte del desánimo de seguir con lo mismo es también por la pérdida que vivía en cuanto a relacionarme con mi hija. A veces siendo esclavo sos un poco más libre que siendo libre. Rarezas del destino…

      Al día de hoy el trabajo tiene más posibilidades de salir que no, pero también había más posibilidades de que saliera para octubre… Ya pasé de las certezas a las esperanzas. Veremos qué pasa.

      Saludos 3×2!

  3. Hola Pienso 🙂

    Es interesante la pregunta de pregunta de Ceo, nunca te la hice, estraño en verdad con lo informatico que soy.

    Si el trabajo salió, es lo importante.

    Siempre encontraremos ¨monstruos”, de hecho cuando consigesimos algo que queremos, a la vez resignamos otras cosas o emociones, a veces no damos cuenta, a veces no…pero sin dudas es así.

    Sino salió – todo indicaría por lo escrito que salió, al menos por la forma de expresarte en el Post – es muy bueno!!!, más sino, hay que ver que esperanza concreta de realidad queda para que salga. Y seguir luchando en familia.

    Saludos a los 3

    Marcela & Marcial :):)

  4. Sebastián dijo:

    Como dijo Marcial, por la forma en la que quedó el texto, daba a entender que las cosas están un poco mejor y de verdad que me alegro por eso, pero bueno, ya sabemos como son estas cosas, nunca se puede tomar nada por sentado y si, a veces creo que es verdad que la esperanza es la forma más cruel de alargar el sufrimiento, no me acuerdo quien lo dijo, pero puede ser muy cierto.

    Saludos.

    • @Sebastián: Muy cierto lo de la esperanza. Y como no estoy acostumbrado a ella (siempre me manejé con ‘certezas’), es muy difícil de digerir. Más cuando los primeros pasos dentro de ella, fallaron.
      Las cosas hoy siguen igual, aunque ya estoy empezando a encarar de distinta forma. Intento retomar las riendas antes de que los caballos se suelten del carruaje del todo. En la tercer parte espero que quede todo más claro.

      Saludos, suerte y gracias.

  5. marrazkiak dijo:

    Ey!

    Hay una tercera parte con final feliz??? Tengo el corazón encogío

    Muchas energías desde aqui.

    Besos

    • @Marrazkiak: ¿Cómo estás?

      Hay una tercera parte, aunque para saber el tipo de final habrá que esperar (no lo hago promocionando el último post… sino que al día de hoy, realmente no lo sé). Esperemos que terminen bien las cosas, aunque cada vez hay más esperanzas que certezas…

      Muchas gracias por tu ‘comentario energético’ y muchos saludos!

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