Historia de mis primeros contactos con la tecnología (1)

Es bien sabido que un estímulo (un olor, un sonido, una imagen) hace retroceder a la gente en el tiempo, reviviendo situaciones pasadas muy puntuales. Bueno, al menos le sucede a la gente que tiene memoria o recuerdos bien fijados. No es mi caso, al menos no en la cantidad en la que sucede en otras personas. Los problemas de retención de vivencias que tengo suelen complicar mucho ese tipo de “flashbacks”. Sin embargo, hay veces en los que se me aparecen o hasta puedo forzarlos en ciertos contados casos: uno de ellos, es el aspecto tecnológico de mi vida.

En éstas últimas semanas me he visto obligado a recordar el camino que he recorrido junto a la tecnología. Obligado por mí mismo en realidad, pero iniciado por otra gente a través de consultas de diverso tipo. Es como si preguntasen “¿cómo sabés tanto sobre respirar?” y uno, sin poderle dar una explicación (al menos no una completa o precisa) termina intentando recordar cuándo fue la primera vez que lo hizo, cuándo se enteró de que podía hacerlo o que pudo lograr en ese área (por ejemplo).

Por eso, para “autorecordarme” mis primeros pasos en el terreno digital (y no tanto), dejar plasmada una línea de inicio y como para intentar explicar en algunos de los casos el porque a veces termino sabiendo un poco más de las cosas, nace éste intento cronológico. Trataré de poner los “gadgets” con los que me he topado, qué tanto modificaron mi vida en ese momento y qué “descubrimiento novedoso” encontré (en caso de haberlo hecho). Tal vez algunos hechos hayan ocurrido primero que otros y seguramente olvidaré muchos otros… pero algo es algo. Intentaré encontrar fotos iguales o similares para ilustrar mejor la historia.

Ya habiendo escrito mucho de lo que van a leer, he decidido dividir el post en al menos dos partes, porque ya estoy alcanzando las 3000 palabras y no sé si estoy por la mitad… Y antes de esperar demasiado, hacerlo demasiado largo o no poder publicarlo nunca (el primer borrador lo tengo desde Noviembre del 2008), prefiero elegir ese sistema de publicación, que de seguro nos sentará mejor a todos.

  1. La historia familiar en cuanto a tecnología comienza con mi abuelo materno, quién estudió la “novedosa” carrera de electrónica con excelentes resultados. Se armaba sus propias radios e inclusive fue el primero que tuvo una TV en el barrio (blanco y negro, también armada por él mismo), en donde todos los vecinos se juntaban para ver los programas de la época. Uno de mis tíos siguió la misma carrera. Por el lado paterno, mi padre fue el que estudió… lo mismo (aunque con la tecnología ya más avanzada). Armó también su propio TV en blanco y negro y le agregó algo que no había visto hasta entonces (desconozco si ya existían): una salida para conectar auriculares. Lo mismo hizo con un tocadiscos. Siempre fue un “loco acústico” y vivía armando adminículos para que las cosas sonaran mejor o de otra manera. Por ello también adaptó su primer “autoestéreo” y un sistema de parlantes colgantes caseros con un “gadget” que tocaré más adelante: el magazine. Destaco que los tres “tecnos” aprendieron y practicaron como hobby la carrera, ya todos tenían sus ocupaciones principales.
  2. Uno de los artefactos que siempre me llamaron la atención fueron los auriculares. Mi padre tenía unos “de los buenos” (los que tapan toda la oreja y la acústica era impecable) que cuidaba mucho, sólo podía usarlos yo con supervisión. Pero en un rapto de curiosidad y de falta de control (mientras peligrosamente recortaba figuras en papel con tijeras), quise saber a toda costa cómo hacía el sonido para llegar hasta mí. Por eso, directamente corté el cable con la tijera… Ahí me dí cuenta que no había tubos (como había pensado), sino “muchos pelitos cobrizos” envueltos en más plástico… y de que no había forma de hacer que se “peguen” para que vuelva el sonido y pase indemne. Cuando me descubrieron, mentí diciendo que el cable se me había puesto detrás del papel y lo corté por accidente. También debe haber sido una de las primeras veces que una mentira me salvó el pellejo 🙂
  3. Otro artefacto “adelantado” (aunque no tecnológico tal como se entiende ahora) era una máquina de tejer que tenía mi madre (si mal no recuerdo, marca “Singer”). Tenía la particularidad de que tenía varias decenas de agujas que se movían a modo de corredera (como si fuese un ecualizador) en muchísimas posiciones, luego se pasaba un mango enganchado al rollo de lana hacia un lado y hacia el otro (como si se planchara) y “mágicamente” iban saliendo diseños según lo que se hubiese configurado en las agujas. Inclusive venía con unas tarjetas perforadas (creo que se llamaban Memorama, Memomatic o algo así) que automatizaban el proceso con patrones distinos (sí, como en las posteriores computadoras). Me encantaba esa “tejedora” y pasaba horas estudiando cómo funcionaba y testeando con materiales diferentes a la lana. Inclusive recuerdo haber probado a hacer mis propias tarjetas con papel, haciendo agujeros aleatorios para ver el comportamiento de la maquinola.
  4. El primer juego tecnológico que recuerdo (muy difuminado, era muy chico) es uno que no sé si era un regalo mío o si alguno de mis padres se lo había regalado al otro. Era un libro de tapas duras que contenía preguntas y las posibles respuestas debajo. Pero la particularidad era que venía con un robot de chapa por separado con un cable y que cada posibilidad de respuesta en el libro iba acompañada por un pequeño circulito metálico. Creo que se llamaba “Foki, el marciano“. Cuando se jugaba, uno debía apoyar el cable en lo que suponía que era la respuesta correcta: si el robot prendía la luz, se había acertado; caso contrario, era errónea. Estuve mucho tiempo tratando de averiguar cuál era el funcionamiento y era mi juego preferido. Tiempo después, ya tenía un sistema para vencer casi siempre: miraba detenidamente los circulitos metálicos; el que estaba más abollado, era el correcto (el más usado). La gente de afuera se asombraba de que “supiera tanto” 😉 . También podía vencerse tanteando el cartón (porque los cables hacia la respuesta correcta se sentían al tacto en la superficie), pero eso era más difícil de disimular.
  5. El primer sistema de audio “real” fue una adquisición de mi papá antes de que yo naciera. Se lo llamaba familiarmente como “Geloso” y se lo trataba como grabador, aunque correctamente dicho era un “magnetófono de cinta abierta” (Geloso era la marca, italiana ella). Se trataba de una caja cuadrada (bastante pequeña para ese entonces, lo que la hacía portable e incluso traía su propia correa para colgarse al hombro) que tenía la particularidad de reproducir y (también!) grabar en dos bobinas de cinta fina (muy similar a los posteriores “cassettes”). Tenía sus respectivos botones coloreados para hacer todo, inclusive adelantar o atrasar “en vivo” el audio (muy cómico escuchar algunos pasajes en esa modalidad). Poseía un micrófono casi del tamaño de la mano que tenía un alambrecito multiposición detrás, que servía para dejarlo paradito en la mesa para poder captar todos los sonidos circundantes. Recuerdo que la cinta debía engancharse a mano entre un carrete y el otro: cuando uno compraba una cinta nueva, solamente venía una rueda con la cinta. En el frente poseía un medidor de avance de cinta (como un contador de lo que había pasado y lo que quedaba), aunque creo que no era muy correcto. Una tapa plástica transparente que se bajaba cuando todo estaba listo, le daba ese toque pipí-cucú final. Las primeras grabaciones de mi voz aparecieron allí (lo primero entendible que dije fue “el camino de la luz” mientras miraba el cable de una lámpara) y se sucedieron por mucho tiempo después, incluyendo las de mis hermanas. Según tengo entendido, todavía sigue funcionando perfectamente y las cintas tampoco tienen problemas.
  6. Otro de los adminículos musicales con los que me topé, fue el “Magazine” en el auto. Eran cartuchos grandes (comparados con una caja de los actuales DVD, más anchos y un poco más pequeños) que contenían una cinta ancha (similar a la de los VHS) con música grabada. Era la “tecnología de punta” del momento. El sonido era impecable, eran bien portables y duraderos. El “pasamagazine” estaba empotrado en el auto y se escuchaba por dos parlantes (uno delante, otro detrás) y tenía funciones similares a los posteriores pasacassettes (autoestéreos). No recuerdo la marca del mismo. Mi viejo después hizo una adaptación en la caja que contenía al reproductor para que se pudiese sacar del auto y pasarlo a la casa, en donde luego armó una caja para que encajara el canal de audio y los cables de alimentación y pudiese pasarse sin problemas (había otro set de 2 parlantes colgados en las paredes, que aún están allí aunque desconozco si funcionan). Fue la primera vez que ví portadas como en la de los discos pero en empaques más chicos. Lo que me impresionó fue la calidad del sonido (muy diferente a los problemáticos LP o discos de pasta) junto a un sistema que guardaba mucha música en un mismo lugar y sin tener que andar girando de lado (el reproductor tenía un botón para cambiar de lado, ya que el magazine se colocaba en una sola posición). Aunque mis padres tenían varios Magazines, yo poseía uno solo que había pedido: “Misa Criolla” de Ariel Ramírez. Mírenme ahora…
  7. Otro de los “adelantos mágicos” que conocí, fue un termómetro. No, no soy tan viejo como para maravillarme por los clásicos de vidrio con mercurio :-). Este era muy especial. Consistía en una tira muy fina (tanto como una radiografía y de consistencia similar) de unos 10 centímentros más o menos. Era completamente negro salvo una de las puntas que estaba desteñida y marcaba el lugar por donde debía agarrarse. Cuando uno se apoyaba ese tipo de tira reactiva sobre la frente, la parte oscura comenzaba a tomar color (que crecía desde donde uno la agarraba hacia el otro extremo) y en pocos segundos daba la temperatura en letras. Pero además, teñía esas letras de color (azulado para normal, rojo para peligroso) para ver si la fiebre era grave o no!! Era una de esas cosas médicas que uno quería que le pusieran aunque no se estuviese enfermo. Más adelante lo usaría para tomar la temperatura a animales, a la heladera o hasta a ollas calientes (para testear sus límites, momento en el que ví todo lo que podía marcar la tira). Hace poco ví en mi antigua casa que seguía estando, pero al probarlo ya no funciona correctamente (marca muy poco).
  8. El siguiente gadget fue un juego que les costó mucho comprarlo a mis padres, porque era bastante caro para ese momento (encima apuntábamos a un usado). Además, era la primera vez que se tenía ese tipo de tecnología y no sabían si era “propaganda mentirosa” o por cuanto tiempo funcionaría (ya estábamos en el terreno de los circuitos integrados). Estoy hablando del ya famoso (supongo) “Teleclick” de Magiclick. Era una caja grandota plástica que se conectaba al televisor! Fue el primer electrónico que supe que tenía la habilidad de hacer eso (definitivamente, el primero que tuve yo). Contaba con 5 apasionantes juegos (en realidad era todo lo mismo pero con variaciones) con la posibilidad de jugar de a dos personas! (otra de las características únicas). El control (pad) era una caja más chica con un cable y una simple perilla. Con la perilla, uno manejaba su “jugador” (una línea blanca) hacia arriba o hacia abajo. No había botones ni nada similar (todavía no se disparaba). El juego soprendentemente estaba hecho en Argentina y los juegos eran tenis (2 jugadores), frontón (un jugador contra una pared), frontón de dos (mismo pero con dos jugadores), fútbol de 4 (2 jugadores) y fútbol 5 (de a dos, pero uno manejaba 3 jugadores y el otro 2…). Era en blanco y negro y la consola traía sendas palancas para seleccionar el juego, elegir la velocidad de la pelotita, el tamaño del “jugador” y el ángulo de rebote. Un enorme botón rojo reiniciaba el juego. Hasta poseía sonido! (dos emocionantes tonos que salían por la TV). El juego es un clásico conocido como “Pong” a nivel mundial. En muchas películas habrán visto el juego quienes no lo conozcan (una barrita blanca en cada extremo del televisor con una lenta pelotita en medio). Estuvimos mucho tiempo jugando a eso, incluyendo a toda la familia. Jamás falló y aún sigue estando en algún rincón de algún lugar. Tardamos mucho en volver a tener regalos similares (por lo caro y por lo entretenido).
  9. El siguiente en la lista, era un jueguito chiquito de plástico amarillo y portable de una abejita que tenía que llegar a una flor, evitando no-recuerdo-que-peligro en el intento. Era de una pantalla única de LCD (lo primero que tuve ese tipo de display) y fue muy adictivo para mí. Inclusive venía con sonido y tenía “chiches” extras como dar la hora y creo que hasta tenía alarma. Luego me dí cuenta que apretando levemente la pantalla de LCD, podía ver todas las posiciones posibles de la abejita y el peligro, con lo que podía predecir los pasos para ganar (o perder). También me dí cuenta que con los ochos se podían hacer los 10 números posibles (cosa que después reafirmaría al tener una calculadora Casio).
  10. El próximo “gadget” fue algo que me costó mucho adquirir porque lo pagué de mi propio bolsillo y estuve meses siguiéndolo. Era un reloj digital con juego electrónico. Poseía 4 botones y era supuestamente impermeable. Cada botón o combinación tenía su función, aunque tuve que ir descubriéndolas porque el mini-manual que traía venía en inglés (idioma del que todavía no entendía nada). Daba la hora, tenía alarma, un pseudo-calendario y un cronómetro, entre otras cosas. El juego era de una navecita espacial muy similar al sistema del anterior juego de la abejita. Todavía recuerdo cómo me costaba dormirme o me despertaba con alguna idea de combinación de teclas que tal vez me hubiese perdido y que me impidiera ver alguna función oculta en mi adquisición. Ya con el juego de la abeja había sufrido de algo parecido, pero aquí (habiendo más combinaciones posibles) era peor…
  11. Para un regalo (no recuerdo la ocasión) nos compraron un par de walkie-talkies (handies o intercomunicadores). En ese tiempo eran bastante grandes y tenían una larga antena telescópica (similares a los de la foto). Jugamos mucho tiempo con eso, pero esos handies tenían una propiedad muy particular: podía cambiarse de canales manualmente para comunicarse y tenía una amplia frecuencia sintonizable con una ruedita en cada uno. En uno de esos canales, sintonizaba con mucho ruido algún canal de TV; en otro, se podían escuchar las conversaciones de la fábrica que teníamos enfrente de manera muy clara. Inclusive había intentado hablar… y me habían escuchado del otro lado! Obviamente, jamás supieron de dónde venía el interlocutor. Me quedaba horas escuchando con la sensación de poder que daba el saber que se espía sin posibilidad de ser descubierto. Cuando me sentía muy valiente, hablaba o ponía música por el handie, ante el desconcierto de los empleados que intentaban comunicarse entre ellos. Más adelante uno de los aparatitos dejaría de andar y nos los cambian por otros… pero eran otro modelo y con una antena cortita que parecía un resorte, y no tenía las mismas funcionalidades de los anteriores. No jugamos demasiado con esos.
  12. Luego, llegó el gran adelanto tecnológicamente social: los videojuegos (arcades o fichines). Ya hacía tiempo estaban los flippers, pero se habían ido colando de a poco los juegos más complejos con pantallas tipo TV y eran toda una sensación entre los chicos. En el barrio habían abierto un negocio con varios de ellos y estaba siempre lleno. Mis preferidos eran el Invaders y el Moon Patrol (era adicto al último). Inclusive en vacaciones esperaba el día en que fuéramos al pueblo en donde había una sala de videos para seguirlo jugando. En el que estaba cerca de casa, le había descubierto un error que permitía que apretando dos de los botones (no recuerdo cuáles) y manteniéndolos así antes de perder definitivamente, a veces daba un juego extra (eso lo descubrí por mi pasión por explorar las combinaciones de teclas). No era muy frecuente, digamos que 1 de cada 10 o 12 veces, pero era todo un logro y una felicidad inconmensurable cuando aparecía el crédito extra.
  13. Otro adelanto tecnológico que se hizo un estándard en materia musical: el cassette. Aunque ya lo venía viendo en otras casas, en la nuestra tardó mucho en aparecer por lo costosos que eran los aparatos. No existían los racks gigantes o centros completos como ahora, los reproductores eran portables con manejo con sendas teclas (parecía un pianito, algo similar a la foto) y venían con un parlante grande para poder escuchar por ahí. Tenía una ruedita que oficiaba de control de volumen, la ficha para enchufar a la pared (también funcionaba con varias pilas grandes) y un par de fichas para micrófono externo y línea. Fue toda una sorpresa cuando llegó el aparato a casa junto con una cinta de “Git” (grupo que me gustaba entonces antes de ser fan de “Europe“) y un par de cassettes vírgenes. El ruido a lata del grupo más la poca fidelidad del parlante todavía resuena en los rincones de mi cerebro. Con los cassettes vírgenes hicimos cientos de cosas: contábamos cuentos, grabábamos partes de series de TV (principalmente del “Auto Fantástico“), música de la radio (bajando el volumen al momento de las propagandas para hacer compilados perfectos) y variedad de cosas más. Menos mal que no había ley antipiratería para entonces 😉 . Inclusive en los cassettes originales en los que sobraba espacio libre, se le tapaba la pestañita de atrás (que le decía al aparato si era algo grabable o no) con una cinta o un papel abollado y se podía seguir grabando detrás. Como los primeros originales venían en una hora de cinta pero era en promedio media hora de música real, se aprovechaba bastante con ese método (parece que luego se avivarían, porque las cintas vendrían con casi nada más que la capacidad para la música del grupo). Ese passacassetes todavía está y años más adelante serviría para otro propósito más “tecno”: de “disco rígido” para una computadora…

Esta es por ahora la primer parte de mi historia tecnológica, que seguramente algunos de ustedes pueden tener en común (al menos en parte). Por ahora está lejos todavía la segunda edición, pero al menos sirve para tener un pantallazo de ese inicio raro, en donde recién se comenzaba el cambio entre válvulas, transistores y chips. ¿Cómo ha sido la historia de ustedes?

CONTINUARA (…?)

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8 respuestas a Historia de mis primeros contactos con la tecnología (1)

  1. De todos los que nombraste me encantó “Foki el Marciano” 🙂

    Saludos!

  2. Martín dijo:

    Muy interesante lo que escribiste, pero respecto al magazine, ¿se escucha mejor que los vinilos? Según tengo entendido (por mi viejo y mucha gente más) el vinilo es el formato con mejor calidad de sonido (obviamente acompañado de un buen equipo), incluso mejor que la del CD.

    Un saludo.

    • @Martín: Excelente punto! Te digo que es como la pelea ‘Coca-Cola vs. Pepsi’, que pasa mucho por el lado de las apreciaciones personales. Además, como bien decís, depende mucho del equipo reproductor.

      Desde el punto de vista técnico, el vinilo es imbatible (hasta por muchos cds actuales), y eso por una simple razón: es analógico (se graba todo lo que se escucha). Al digitalizar la música (ya sea en CD, DVD, Magazine, etc) siempre se pierde algo del sonido (sin querer o a propósito, como en los MP3).

      Si vamos solamente a la teoría, el vinilo le ganaría (y por afano) a casi cualquier otro formato. Pero la realidad demuestra que los viejos LP’s (y no hablemos de los de pasta) sufren un deterioro importante cada vez que se los pasa, la púa (el actual láser en los equipos de CD) influye mucho en la lectura, es imposible pasarlo en condiciones de ‘no pelusas o polvo’ (lo que deteriora la traducción de sonidos, haciendo que por ejemplo no haya silencios reales) y los parlantes no eran los mejores.

      En mi caso personal, los discos los escuchábamos bien con el único parlante que traía el tocadiscos (servía para escuchar, pero no tanto para apreciar), bien con los auriculares (eran muy buenos, mejoraban mucho el sonido, pero también elevaba las estridencias). En el caso del magazine, se oía por dos parlantes en un auto (que ayuda mucho en la acústica, si no está en movimiento), el estéreo era muy claro y el medio permitía un sonido más limpio sin los chisporroteos habituales del vinilo.

      Te dejo una excelente nota de Ariel Torres (columnista de tecnología de La Nación) en el que entra en las consideraciones básicas del sonido, sus formatos hasta hoy y explica el porqué de muchas cosas: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1178534
      Después, podés buscar cosas como ‘sonido analógico vs. digital’, y vas a encontrar tantos links como campanas.

      Saludos, gracias y suerte

  3. paco dijo:

    QUE BÁRBARO!!
    ESPECTACULAR. (YO NO SOY MUY VIEJO, POR LO CUAL NO CONOCÍ A TODOS) PERO SON GENIALES ESTOS GADGETS, JAJA.

  4. LeonardoN dijo:

    Sos viejo, eh. 😆

    Jajaja, los auriculares que tuve de chico (hace algunos años) se hacían mierda solos, por eso nunca me importó desarmar uno. En serio che, muchas veces compré auriculares de dos pesos y en poco tiempo no servían más. Y en este momento tengo unos grandes (no tanto) que tengo desde hace un año, pero ya está medio hecho mierda el cable y lo pegué con cinta para que no se mueva… mientras funcione, qué me importa la cantidad de cinta que tenga.
    Seguramente los de antes eran mucho mejores. Los buenos de ahora cuestan bastante.

    Con lo de los walkie-talkies me acordé que yo una vez tuve unos y podía escuchar la radio de un remís, jajaja. 😀

    Por cierto, si tenés Opera por ahí te interesa esto (aunque no creo que supere al original, y ya te debe aburrir el jueguito xD).

    Interesante el post. Saludos.

    • @LeonardoN: Jaja, es cierto, pero hoy es viejo cualquiera que conoce al walkman. En el tema electrónico envejecemos mucho más rápido con tanto recambio.

      Auriculares de los baratitos tuve muchos, pero como me gustan usarlos (acordate también que trabajo a deshorarios, no pudo poner el equipo a full a las 4 AM, a menos que quiera una horda de vecinos/esposa linchándome), pasé por algunos caros.
      Los mejores, me los compré hace como 5 años, unos Senheiser que me salieron $200, pero es el mejor sonido que escuché en mi vida (sí, ni siquiera los antiguos de mi viejo suenan así). Ya se están descascarando, pero suenan como el primer día.
      Jaja, los de mi viejo me acuerdo que también estaban con cinta y hasta creo recordar que les había hecho una muesca para ponerle gomitas que fijaran a la cabeza.

      Seguro que los WT que tenías vos, también tenían antena telescópica (son los duros, extensibles, como los de las radios). Después empezaron a salir unos pedorros con forma de resortes o una cinta pintada que no andaban ni para atrás. Hacking aéreo era el de antes! 😆

      Saludos

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