Historia, futuro y filosofía del subestimado voto en blanco

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El voto en blanco se ejerce como una queja silenciosa, bien por falta de afinidad con alguno de los partidos políticos que se postulan, bien por la falta de representatividad que tiene el sistema todo en los deseos y necesidades de la sociedad. Basta con dejar el sobre vacío o colocar una hoja completamente en blanco para sufragar de esa forma.

Aunque varía mucho la concepción y las formas según la región, mundialmente el voto en blanco se considera, en general, como un voto negativo o inválido. El conteo final en los resultados de las elecciones no contempla al voto en blanco como válidamente emitido. El sistema electoral le resta importancia y lo coloca junto a otros parias electorales, como lo son los votos impugnados y los nulos.

El tema es que el voto en blanco tiene mucha más representatividad y firmeza que el resto de sus compañeros ocultos, ya que votando de esa manera se hace toda una declaración de disconformidad. Muchos lo consideran como una abstención activa, cosa con la que estoy de acuerdo. El ir a sufragar demuestra el respeto por el método y la filosofía electoral, pero el ejercicio de votar en blanco da a entender que, pese al respeto y las ganas, algo falla. Aunque muchos lo comparan con el nulo, éste último sucede cuando se rompe una boleta o se hacen inscripciones en ella (generalmente humorísticas o insultantes). Es como intentar comparar una marcha pacífica y sin banderas ni carteles, con otra con bombos, pancartas y gritos a viva voz. Tal vez el espíritu primario es el mismo, pero las formas son diferentes.

Dentro de las curiosidades del voto en blanco, cabe aclarar que la creencia folclórica de que ese tipo de sufragio le suma electores al gobierno de turno, es falsa. Un voto en blanco es un voto para nadie (mucho menos para el poder ya instaurado). Lo que se ha malentendido es que, en caso de haber una fuerza que gane por cifras astronómicas sobre el resto, el voto en blanco le restaría posibilidades a los partidos secundarios (por el simple hecho de haber menos votos positivos en conteo); pero de ninguna forma es un voto para el primero. Además, convengamos que los votos en blanco tampoco votan al ganador, por lo que los porcentajes suelen ser estables en la general. También es falsa la leyenda urbana que nos cuenta que al final del sufragio se le suman esos votos al que ganó. Dichos votos aparecen en su correspondiente línea (al igual que los anulados) y quedan allí; los que sí pueden contarse como válidos posteriormente son los recurridos o impugnados, pero se cuentan al partido al que se votó, no al gobierno actual ni al ganador de esa elección. Asimismo, al no votar a nadie, no hay dinero para ninguno de los contendientes: cada voto positivo que usted hace, siempre tiene un valor monetario para el partido elegido (las cifras varían según país y elección); pero al no votar a nadie, ese dinero no se paga, por lo que la queja se hace de forma política y económica a la vez. No votar a nadie, no subvencionar a nadie.

Viniendo para estos últimos tiempos en la Historia Argentina, uno puede notar que el voto en blanco se ha convertido, en promedio, en uno de los más fuertes a nivel mundial. Ya había hecho notar hace un tiempo el poder que tuvo en las elecciones presidenciales anteriores, y nuevamente vuelve a demostrar su valía e importancia en las elecciones para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 2011 (CABA). Estudiando los resultados, uno ve que sigue siendo notable: pese a no llegar a los 2 puntos porcentuales, se coloca entre los 6 mejores. Si sumáramos los votos nulos, el índice superaría el 2% y los colocaría como quinta fuerza, apenas por encima de la Coalición Cívica (ex ARI) y casi rozando al Partido Radical. ¿Le parece que un quinto puesto, rozando las fuerzas tradicionales, no es respetable ni representativo? Y no olvidemos las últimas Elecciones Primarias del 2011 (una especie de amistoso presidencial), en donde los números todavía son más contundentes: pese a que asistió menos del 80% del padrón (muchos disconformes que pudieron haber ejercido su opción no positiva en las urnas), el voto en blanco recibió un millón de sufragios, casi un 4.5% del total de votos positivos, colocándolo cómodo como 6a fuerza (entre Rodríguez Saa y Carrió). Y no olvidemos el caso del voto masivo en blanco pedido por Perón en 1957, que terminó con un apabullante 25% que lo colocó como ganador por sobre el resto de los partidos.

El problema principal es que el sistema electoral no los considera como respetables o representativos. Ellos cuentan solamente los votos positivos (los que le suman a alguien), y al resto los descarta y los coloca en el cajón del fondo de los resultados finales. Los publican más que nada por mera formalidad, para que cierren los números exactos y el balance no tenga problemas, pero nunca los comparan ni los ponen entre las fuerzas con votos positivos. Fíjense que hubieran tenido más notoriedad colocados en la tabla de candidatos con su correspondiente puesto, pero quedan relegados a una simple línea pegada al final del recuento. Si hay gran cantidad de votantes descontentos, que no se noten.

En un sistema democrático y electoral, se supone que la disidencias deben ser también tenidas en cuenta. Por algo los reclamos, inclusive con cortes de calle, bloqueos o tomas de empresas, son considerados un derecho. ¿Por qué, entonces, no se oye ni se considera legítima la oposición electoral silenciosa? ¿Acaso no es una forma de queja más pacífica y representativa que la toma de una fábrica? ¿Aunque participa más gente en el voto en blanco, tiene más preponderancia el acto realizado por menos personas para con menos personas? Es realmente injusto y objetable que una forma de representatividad sea dejada de lado por el sólo hecho de mirar “el lado positivo de los votos”. El voto en blanco necesita un papel más importante en el escenario electoral, y también en el plano político en general.

Lo primero que debería hacerse es eso, reconocer a ese tipo de voto como se merece y quitarle la injusta demonización que viene sufriendo. Lo segundo necesario, es darle la representatividad y protagonismo tan merecido. Un voto es un voto y debería ofrecerse a todos ellos la oportunidad de poder lograr algo con la emisión del mismo.

Una de las ideas que se me ocurren, es que el voto en blanco pueda ganar bancas en el Congreso (Senadores y Diputados), al igual que cualquier otro candidato. ¿Y quién ocuparía esas bancas? Bueno… nadie. Si el que vota está disconforme con el sistema o las ofertas, entonces (en caso de lograr una o varias bancas) deberían quedar desiertas y seguir el mismo patrón de renovación electoral que con un candidato de carne y hueso. De ésta forma, la queja generalizada sería representada; pero además quedaría un recordatorio para el resto de los congresistas que, en caso de hacer un mal trabajo y que la gente vuelva a descreer del sistema o de sus representantes, una banca vacía podría reemplazarlos. Una silla vacía haría mejor trabajo que ellos, todo un mensaje.

Imagínense también que si el voto en blanco superara a las grandes fuerzas en alguna de las cámaras, los partidos con gente de verdad deberían hacer muchos más esfuerzos por llegar a consensos y votar alineadamente para que un proyecto no quede en nada. O sea que, probablemente, sólo lleguen las ideas que mejor hagan a la sociedad y al país, aquellas en donde todos estén de acuerdo. Por ejemplo: si las bancas en blanco fueran del 30%, la primer fuerza “humana” fuera de 20%, la segunda de 8%, la tercera de 3% (etc), entonces para aprobar un proyecto se necesitaría que las 3 primeras fuerzas concordaran entre sí y que no haya disidencias en los partidos menores para lograr la mayoría, cosa que hoy no pasa porque “arreglan” entre las 2 fuerzas mayoritarias y listo. El voto de las bancas en blanco equivaldría a un “no innovar”, sería un voto negativo para cualquier proyecto que se presente. En caso de menores porcentajes en el voto en blanco, también beneficiaría a los partidos más chicos, pues casi siempre el voto en blanco se emite en detrimento de los partidos fuertes, y no hacia lo menos “contaminados”. Por ejemplo, la gente que no vota a los partidos de cabecera, suelen votar a los más chicos; y si ninguno de los chicos lo convence, allí se va al blanco o impugnado. Eso haría que las filas mayoritarias bajaran y que las minoritarias tengan mayor representatividad en cualquier Cámara.

Lo que quedaría por debatir es qué ocurriría si el voto en blanco superara al 50%. En ese caso, la nulidad sería absoluta y ningún proyecto prosperaría: el Congreso quedaría suspendido (cosa que, obviamente, no puede ocurrir). A mi entender, si la mitad más uno de un pueblo votase de esa forma, es que exige un total recambio de candidatos o de sistema, y habría que ir en ese sentido. Creo que tendría que haber una nueva votación para determinar el por qué del voto en blanco (con las opciones como opciones, valga la redundancia) y de allí en adelante recambiar a TODOS los candidatos e inhabilitarlos para volver a presentarse o intentar “remodelar” el sistema representativo. Lo primero supongo que podría ser reforzado con multas a los partidos que se presentaron; lo segundo llevaría demasiado tiempo y necesitarían hacerse varias consultas populares para ver en qué sentido rearmar el armazón de mando.

Otra de las ideas que se me ocurren, es que el voto en blanco “descuente” dinero electoral a todos los partidos. Actualmente no les aporta de más, pero tampoco les quita. Sabiendo que el sufragio en ese sentido es inconformidad con todos, cada uno de los votos debería restar lo ya ganado por votos positivos, y debería realizarse conforme al porcentaje del recuento oficial recibido por cada partido (cuanta más gente haya votado a un partido, mayores votos en blanco deberán descontar en dinero). Nuevamente, sería un golpe a los partidos más grandes, haciendo que los chicos tengan más posibilidades hasta en el plano económico.

Otra de las opciones que se me presenta ahora, es que en todos los cuartos oscuros debería haber una boleta que represente el voto en blanco, y hasta podría haber dos según el tipo de disconformidad que mejor lo represente al sufragante (aunque ambos sumarían al mismo “poder” en el conteo). De esa forma, sería claramente identificado como una opción y, a la vez, dá a conocer qué debería cambiarse antes de poder lograr una mayoría de quejas con sentidos ambivalentes.

Deben haber varias buenas ideas más que se me pasan por alto (escucho las suyas), pero creo que es hora de que al voto en blanco le pongan los pantalones largos y lo traren como voto adulto, ¿verdad?

PLPLE

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Tratando de entender el mundo sin morir en el intento...
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8 respuestas a Historia, futuro y filosofía del subestimado voto en blanco

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  2. @charly_s_mar dijo:

    Tomemos el sistema de elección mas elemental que es el votar a mano alzada, Se puede votar por una posición, persona o lo que sea o también existe la abstención. ¿que significa la abstención? Se puede interpretar que ninguna de las propuestas nos convence. ¿Que se debe hacer si gana la abstención? hacer nuevas rondas de discusión de las propuestas. Reformular los términos de la votación. (?)

    • @Charly: Se pueden pensar en muchos métodos, pero no se puede negar que la abstención de voto es toda una señal en sí. Lo raro es que en un sistema tan democrático, que parece tener en cuenta todas las posibilidades para todos y para todo, no incluya el más allá del decir “me abstengo”. Con eso, quedás fuera del juego y no se te tiene en cuenta el por qué ni los cuántos. Ese no es un sistema serio…

      Saludos

  3. Jm dijo:

    Si para algo sirve el estiércol es para abono, pero para que sea de buena calidad hay que dejarlo fermentar bien que vaya soltando ese liquido maloliente, tóxico y putrefacto que es a lo que huele la clase política. Que sus restos sirvan para abonar la tierra estéril y seca que dejaron a su paso, por lo menos.

  4. krisnesh dijo:

    En coincidencia con lo dicho, simplemente dejo un link sobre la futura disputa a nivel mundial, que creo que pronto llegará: DEMOCRACIA ECONÓMICA vs la actual DEMOCRACIA POLÍTICA. Actualmente estamos inmersos en la hipocresía máxima, porque la democracia política es un vil engaño, nacido con los sistema constitucionales americano y francés, porque se aparenta la posibilidad de decisión, a través del voto, pero no se puede controlar la mafia politica gobernante.
    Por eso, Sarkar habla de DEMOCRACIA ECONÓMICA.
    Por ser el análisis bastante largo, dejo el link sobre el artículo de este autor.

    Saludos

    http://prout-net.blogspot.com.ar/2013/05/democracia-economica-p.html

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