La mentira desde el punto de vista psicológico

Texto publicado por La Nacion, traducción de una nota en New York Magazine realizada por Bo Bronson.

En los últimos años, un grupo de investigadores se decidió a tratar de entender por qué mienten los niños. Para un estudio destinado a evaluar la mentira entre adolescentes, la Dra. Nancy Darling, entonces en la Universidad Estatal de Penn, congregó a un grupo de unos doce estudiantes, todos menores de 21 años. A cada uno le entregó un mazo de 36 tarjetas, cada una de las cuales consignaba un tema en el que a veces los adolescentes les mienten a sus padres. Con una pizza y una Coca, cada adolescente revisó el mazo junto a dos investigadores, señalándoles las cosas sobre las que mentía a sus padres, y por qué.

“Empezaron diciendo que los padres les daban todo y que uno debería contarles todo”, dice Darling. Al final, vieron cuánto mentían y cuántas reglas familiares habían transgredido. Según la investigadora, el 98% de los chicos consultados dijo que les mentía a sus padres.

De los 36 temas consignados en las tarjetas, cada adolescente dijo mentirles a sus padres en un promedio de 12. Mentían respecto de la manera en que gastaban la plata que recibían de ellos, acerca de si habían empezado a tener relaciones sexuales y sobre la ropa que se ponían cuando no estaban en sus casas. Mentían sobre la película que habían ido a ver y respecto de con quién habían ido. Mentían en cuanto a su consumo de alcohol y de drogas, y lo hacían también si estaban saliendo con amistades que sus padres desaprobaban.

El hecho de ser estudiantes excelentes no cambiaba mucho las cosas; tampoco había grandes cambios en el caso de chicos con gran número de actividades: ninguno de ellos estaba tan ocupado como para no transgredir algunas reglas.

Durante décadas, los padres han considerado que la franqueza es el rasgo más apreciado en sus hijos. Otros, valores como la confianza en sí mismos y la sensatez, ni siquiera se le aproximan. Los jóvenes reciben este mensaje. En las encuestas, el 98% dijo que la confianza y la franqueza eran esenciales en una relación personal. Según la edad, entre el 96 y el 98% dijo que mentir era malo moralmente. Entonces, ¿en qué momento el 98% que cree que mentir está mal se convierte en el 98% que miente?

Un hito del desarrollo

Todo empieza muy temprano. De hecho, los niños brillantes –los que tienen mejores resultados académicos– empiezan a mentir a los 2 o 3 años. “La mentira está relacionada con la inteligencia”, explica la doctora Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad McGill de Montreal y una de las mayores expertas en la conducta mentirosa de los niños. Aunque pensamos que la veracidad es la mayor virtud de un niño pequeño, resulta que mentir es, en realidad, su capacidad más notable. Un niño que miente debe reconocer la verdad, concebir intelectualmente una realidad alternativa y ser capaz de “venderle” convincentemente a alguien esa nueva realidad. Por lo tanto, mentir exige un desarrollo cognitivo avanzado y habilidades sociales que la veracidad no requiere. “Es un hito del desarrollo”, concluyó Talwar.

Y esto pone a los padres en la situación de sentirse condenados o bendecidos… Si su hija de 4 años es una buena mentirosa, eso es señal de que es inteligente. Y los niños listos son los que corren más riesgo de convertirse en mentirosos a repetición. Cuando cumplen 4 , la mayoría de los niños empieza a experimentar con la mentira para evitar castigos. Por eso mienten cuando evalúan que el castigo es una posibilidad. Un niño de 3 años dirá “no le pegué a mi hermana” aun cuando sus progenitores lo hayan visto hacerlo.

La mayoría de los padres oye mentir a su hijo y supone que es demasiado pequeño para entender qué es una mentira o que mentir está mal. Suponen que dejará de hacerlo cuando sea más grande y aprenda a distinguir. Talwar descubrió que es exactamente al revés: los que entienden temprano la diferencia entre la mentira y la verdad, usan ese conocimiento para su provecho, lo que los hace más proclives a mentir cuando se les da la oportunidad.

Según Talwar, los chicos “se acostumbran” a mentir. En estudios en los que se observa a los niños en su entorno natural, uno de 4 años mentirá una vez cada 2 horas, y uno de 6 mentirá una vez cada hora y media. Las excepciones son pocas. Para el momento en que alcanzan la edad escolar, las razones para mentir se tornan más complejas. Evitar el castigo sigue siendo el motivo primordial, pero la mentira también se vuelve un medio para aumentar el poder y la sensación de control. Los niños manipulan a sus amigos con burlas, se jactan para afirmar su status, y aprenden que pueden engañar a sus padres.

En la primaria, muchos empiezan a mentirles a sus pares como mecanismo de defensa, para aliviar frustraciones o llamar la atención. Cualquier aluvión de mentiras es una señal de peligro: algo ha cambiado en la vida del niño de una forma que le resulta perturbadora. “Con frecuencia, mentir es un síntoma de un trastorno de conducta más importante –explica Talwar–. Es una estrategia para mantenerse a flote.”

En estudios longitudinales, la mayoría de los niños de 6 años que mentían mucho empezó a hacerlo menos, gracias a la socialización, a los 7 años. Pero si mentir es para ellos una estrategia exitosa para manejar situaciones sociales difíciles, seguirán haciéndolo. Cerca de la mitad de los niños miente, y si siguen haciéndolo mucho a los 7, es probable que sigan así durante el resto de la infancia. Se han convertido en adictos.

“Mi hijo no miente”, insistía Steve, un padre de poco más de 30 años, mientras miraba a Nick, su hijo de 6, que jugaba con una investigadora en el laboratorio de Talwar en Montreal. Steve describía a su hijo como un niño de buen humor y sociable. “Yo nunca lo he oído mentir”, dijo. Había llevado a su hijo al laboratorio después de ver un anuncio en una revista para padres que preguntaba: “¿Su hijo puede diferenciar la verdad de la mentira?” La idea de que su hijo no fuera sincero con él le resultaba profundamente perturbadora. Durante el estudio, Nick engañó, mintió y luego volvió a mentir. Lo hizo sin vacilar, sin un atisbo de remordimiento.

Uno de los experimentos –una variación de otro llamado paradigma de resistencia a la tentación– se conoce en el laboratorio como “el juego de espiar”. Una de las investigadoras de Talwar le dijo a Nick que jugarían a las adivinanzas. Nick debía sentarse de cara a la pared y tratar de adivinar cuál era el juguete que ella sacaba, basándose en el sonido que hacía. Si adivinaba 3 veces, ganaba un premio. Los 2 primeras fueron fáciles: un auto de policía y una muñeca que lloraba. Nick saltó en su silla, encantado, al acertar ambas veces. Después, la investigadora sacó una pelota de fútbol e hizo sonar una versión de Para Elisa, de Beethoven. Nick no supo qué contestar. Entonces, la investigadora dijo que debía salir un momento de la habitación y le advirtió que no espiara mientras tanto. Desde una cámara oculta vio cómo Nick se dio vuelta, a los 13 segundos. Apenas regresó, Nick –otra vez de cara a la pared– anunció triunfante: “Una pelota de fútbol!”. La investigadora le pidió que esperara hasta que ella se sentara. El niño entendió que su respuesta debía sonar más dubitativa, y preguntó, vacilante: “¿Una pelota de fútbol?”

Se le dijo que era correcto, y se le preguntó si había espiado: “No”, dijo rápidamente. Y su rostro se iluminó con una gran sonrisa. Sin un solo matiz de sospecha en su voz, la investigadora le preguntó cómo había descubierto que el sonido procedía de una pelota de fútbol. Nick apoyó el mentón en las manos y dijo: “La música sonaba como una pelota. La pelota sonaba como si fuera blanca y negra”. Nick añadió que la música sonaba como la de las pelotas con las que jugaba en la escuela, que emitían un chillido. Y que la música sonaba como el chillido que escuchaba cuando pateaba una pelota. Para enfatizar su idea, refregó con la mano un costado de la pelota.

Este experimento no era sólo una prueba para ver si los niños mienten cuando son sometidos a la tentación de hacerlo. También buscaba probar la capacidad del niño de sostener la mentira, dando explicaciones plausibles y evitando contradicciones. Así que la investigadora aceptó sin cuestionamientos el hecho de que las pelotas de fútbol tocan Beethoven cuando las patean y le dio a Nick su premio. El niño estaba encantado.

El 76% de los chicos de la edad de Nick aprovecha la ausencia de los investigadores para espiar durante el juego y, cuando se les pregunta si espiaron, el 95% miente. Pero a veces las investigadoras les leen un cuento antes de preguntarles si espiaron. Uno es Pedro y el lobo, la versión en la que el niño y las ovejas son devorados por causa de las repetidas mentiras de Pedro. Alternativamente, les leen George Washington y el cerezo, en el que el pequeño George confiesa a su padre que ha talado ese árbol con su hacha. Termina con la respuesta del padre: “George, me alegra que hayas talado el árbol después de todo. Escucharte decir la verdad en vez de mentir es mejor que tener mil cerezos”.

Aprender de los grandes

Ahora bien, ¿cuál de los dos cuentos creen que redujo más la cantidad de mentiras? Entre 1300 personas consultadas, el 75% pensó que Pedro y el lobo funcionaría mejor. Sin embargo, esta fábula no redujo en absoluto la cantidad de mentiras en los experimentos. De hecho, después de escuchar el relato, los chicos mintieron incluso algo más de lo normal. Mientras tanto, el hecho de escuchar George Washington y el cerezo –aun cuando Washington fue reemplazado por un personaje menos célebre para eliminar su potencial influencia sobre los niños de más edad– redujo la cantidad de mentiras de los niños un 43 por ciento.

Pedro el pastor sufre el castigo, pero que las mentiras tienen castigo no es nuevo para los niños. Agravar la amenaza del castigo por mentir sólo vuelve a los niños más conscientes del potencial costo personal, no les muestra cómo sus mentiras afectan a otros. Los expertos descubrieron que los niños que viven bajo amenaza constante de castigo no mienten menos. Se convierten en mejores mentirosos a temprana edad: aprenden a ser atrapados con menor frecuencia.

En última instancia, no son los cuentos infantiles los que logran que los niños dejen de mentir, sino el proceso de socialización. Pero la enseñanza del cuento del cerezo es útil: según Talwar, los padres deben enseñar el valor de la sinceridad tanto como deben decirles que mentir está mal.

La razón más perturbadora por la que los niños mienten es porque los padres les enseñan a hacerlo. Según Talwar, los niños lo aprenden de nosotros. “No les decimos explícitamente que mientan, pero nos ven hacerlo. Nos ven decirle al telemarketer No soy la dueña de casa. Nos ven mentir en nuestras relaciones sociales.”

Pensemos en cómo esperamos que actúe un niño cuando recibe un regalo que no le gusta. Le decimos que se trague todas sus reacciones sinceras y que finja una sonrisa cortés. En otro experimento de Talwar los niños compiten en un juego por un regalo, pero, cuando lo reciben, se trata apenas de una barra de jabón. Después de darles un momento para superar el shock, un investigador les pregunta si el obsequio les gustó. Alrededor de un cuarto de los preescolares es capaz de mentir y decir que le gustó. Y el porcentaje se eleva a la mitad en los chicos de primaria. Mentir los incomoda, más cuando se les pide que digan por qué les gusta recibir ese jabón. Mientras tanto, los padres usualmente alientan esas mentiras de compromiso. “Los padres suelen estar orgullosos de que su hijo sea «cortés»; no consideran que sea una mentira”, señala Talwar.

Los adultos admiten decir, en promedio, una mentira diaria. La enorme mayoría de estas mentiras son de compromiso, para protegerse a sí mismos o a otros, como decirle al compañero de oficina que trajo galletas que están riquísimas.

Alentados a decir tantas mentiras de compromiso y escuchando tantas otras, los niños empiezan a sentirse cómodos con su propia falta de sinceridad. Aprenden que la franqueza crea conflictos y que mentir es una manera de evitarlos. Y aunque no confunden las mentiras de compromiso con las dichas para encubrir travesuras, sí trasladan el marco emocional entre ellas. Se les vuelve más fácil, en el plano psicológico, mentirles a los padres.

La ironía de mentir es que se trata de una conducta normal y anormal al mismo tiempo. La mentira es esperable, pero no por eso hay que menospreciar su importancia.

Por Po Bronson (c) 2008 New York Magazine
(Distribuido por Tribune Media Services)

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30 respuestas a La mentira desde el punto de vista psicológico

  1. ppedrodom dijo:

    Muy interesante, y divertido a la vez. Me reí mucho cuando el niño explica como llego a la conjetura de que la música lo ayudo a reconocer la pelota, jajaja, también me imagine un niño pegandole a su hermanita en frente de sus padres y tener el descaro de mentir, jejeje.

  2. Hola PP: Sí, después dicen que los chicos nunca mienten, jaja. Pero encima las historias que arman para demostrar la mentira. Imaginate después cómo somos de grandes…

    Saludos

  3. Marisa Angüilla dijo:

    La información me ha resultado muy útil, vivimos la situación de un adolescente que nos miente, ausentandose a clase, cuando sabe que le impondremos limites, así que el artículo me ayudo a comprender la situación y no enrroscarme en la angustia que nos produce a los padres el descubrimiento y engaño de nuestros hijos
    Gracias… Lastima que no pude encontrar la historia de G.W y el cerezo desconocida por estos lares

  4. @Marisa: Me alegro de que te haya servido la información. Eso no quita lo que hicieron ni la forma en que debe seguir la educación, pero dá una perspectiva interesante para poder aplicar la lógica, además de darle una explicación más racional a las mentiras.

    La historia de Washington y el cerezo me la crucé varias veces, aunque nunca la leí. Con “Juanito y el lobo” me sobra y me basta.

    Saludos y suerte!

  5. mari dijo:

    La verdad considero que todas las personas mentimos y que en nosotros los jovenes lo mas común es mentirle a nuestros padres ya que no nos dan la suficiente confiaza como para contarle lo que nos pasa o los problemas que tengamos.

  6. Mari: Concuerdo contigo y es un post que me queda pendiente de hacer. Mentir no es malo en sí; depende de cómo se dice y cuáles son sus fines, pero a veces hasta es saludable hacerlo.

    Saludos

  7. gloria amparo restrepo dijo:

    me parece muy interesnate el articulo, pues tengo uana niña de ocho años que todavia miente y la verdad que es una pila para el estudio, pero creo quees muy asiosa, y puede ser la causa de sus mentiras.
    saludos

  8. Amparo: Es que en realidad, nunca dejamos de mentir. El hecho es que a esa edad se hace sobremanera y sin la capacidad de discernir correctamente cuáles pueden ser descubierta y cuáles no.
    Creo que es cierto lo que dices: la ansiedad puede impulsar aún más el exceso de mentiras. Tal vez calmando la primera se reduzca la segunda.

    Saludos y gracias.

  9. ilse dijo:

    muy bueno, pero hace faltas tips de entrenamiento para remediar y mejorar la conducta de mentir.a conozco alguien de muy bajo rendimiento pero experto en sacar excusas y mentir.crero que no tiene nada q ver con las matimeticas,2+2 es 4 y punto. en cambio mentir es solo eso mentir no hay que ser tan brillante.

  10. @ilse: Es que no creo que sea remediable al ser una conducta humana nata. Asimismo, si bien el mentir puede hacerlo cualquiera, la especialización (el mentir sin que lo descubran o que se crean todo lo que uno dice) ya no es tan fácil. Por algo, la misma conducta es diferente en un chico que en un adulto. Saludos

  11. Debbie dijo:

    Muy interesante la investigación. Siempre había pensado que mentir es un arte de personas inteligentes, pero entiendo que la mentira en la mayoría de las ocasiones trae repercusiones negativas.

  12. @Debbie: No, es un acto bien básico y que se aplica desde muy temprano. No creo que traiga repercusiones negativas, eso ocurre sólo cuando se hace por cualquier cosa y en mucha cantidad. Sino pueden ser beneficiosas.

    Saludos

  13. Paloma dijo:

    Para mi la persona que miente no es inteligente, todo lo contrario, puede llegar a convertirse en alguien muy astuto e interesado y con el tiempo en un ser egoista, pero nada más, se miente por miedo efectivamente, cada uno a una cosa. Considero que la causa radica en que nos cuesta aceptar y respetar,que damos demasiada importancia a la mentira, porque esto nos hace sentir que no estamos haciendo bien las cosas, si un niño no desea ir al colegio por ejemplo mentirá, pero lo más importante no es la mentira,detrás de esto hay una causa y ahi es donde debemos ir, para que la mentira pierda fuerza y sea sustituida por la valentia. Si observamos bien nos daremos cuenta que cuando alguien dice la verdad y esta no se ajusta a nuestras espectativas o necesidades, en este momento estamos dando paso a que se instale la mentira en la mente del otro. Por ello considero conveniente meditar sobre el origen de la mentira ir a su raiz. Para mi la mentira nunca es buena, se que a veces nos puede proteger, pero en esto que creemos protección nos estamos perdiendo a nostros mismo, para ser sincero se necesita ser muy valiente y estar dispuesto a perder muchas cosas, pero es la única manera en la que uno se gana asi mismo. Para mi la persona sabia e inteligente, será una buscadora-or de la verdad y si es sincero consigo mismos, a la fuerza lo va a ser con los demás, a pesar de los riesgos que esto conlleva. Antes de molestarnos si alguien nos miente, preguntémosnos si nostros lo hacemos, quizá entenderemos mejor como funciona la mentira.
    Esta es una opinión muy personal, que tan solo desaba expresar, despues de haber leido detenidamente los comentarios. Gracias y un saludo.

  14. @Paloma: No estoy de acuerdo en la mayoría de lo que dices, pero definitivamente es un razonamiento muy centrado y discutible.
    Apoyo lo que expones sobre las causas reales de la mentira, el sentido de implantación en el otro y el analizar sus orígenes, pero creo que no es valentía decir siempre la verdad. Decirle a alguien que está gordo (por ejemplo) no nos hace valientes, sino desalmados. A veces, es mejor mentir que decir ‘lo que se debe’.

    En un futuro tengo pensado escribir un post mas completo (este es un artículo de un diario), me gustaría que lo vieses y comentases cuando eso suceda. Seguramente, darás buenos argumentos para contradecirme.

    Saludos y gracias!
    PLPLE

  15. Paloma dijo:

    Hola:

    Agradezco la respuesta y entiendo que no estés de acuerdo conmigo, no pretendía que lo estuvieses, tan solo expuse mi sentir, si lo que expongo es o nó discutible no tiene importancia para mi, ya que no necesito convencer a nadie ni creo que deba hacerlo. Es normal que las personas debido a lo que hemos vivido y a como lo afrontamos pensemos de diferente manera, lo importante para mi es que uno se sienta bien con lo que hace y sea un buen ejemplo para los demás.
    Cuando hablo de que no decir la verdad es falta de valentía, no me refiero a lo que tu has entendido,al ser un escrito… quizá me he expresado mal o no he sido entendida, pero te lo explico, la verdad duele siempre que no queremos haceptar algo. Si una persona está gordita y pregunta porque desea saber la verdad, no creo que le guste que le mientan, pero si pregunta porque está deseando que le digan una mentira(ya que ella sabe muy bién como está), es que desea engañarse a si misma y pretende que la apoye alguien. Así funciona la mentira en la mente humana, en este caso, la persona gordita busca un aliado. Lo que cuenta es la intención con la que se dice la verdad, una persona de verdad sincera suele ser muy amorosa y la persona sincera o lo que yo entiendo por siceridad de verdad, jamás sería desalmada, una cosa es ser sincero y otra herir a la gente con mala intención, sin pensar el daño emocional que se puede hacer. No me refería a esto cuando hablaba de la verdad, de todos modos hay muchas maneras de responder a las preguntas sin tener que mentir.

    Con respecto a tu invitación para volver a dar mi opinión, lo haré encantada siempre que tu lo desees, pero no pienses que escribí para contradecirte, no soy asi, fué por otra cosa. Tu blog me ha gustado,te felicito por tu trabajo y te agradezco SINCERAMENTE que hayas repondido.

    Un abrazo.

    Paloma.

  16. @Paloma: Por ahí me has malentendido. Contradecir no es sinónimo de ‘pelear’ y no me molesta que me contradigan (siempre y cuando se tenga un mínimo de inteligencia y el argumento tenga algún basamento lógico, cosa que has cumplido con creces). No me interesan tanto los apoyos u opiniones en la misma línea de lo que digo, prefiero más que lo que escriban tenga sustento y sea debatible, ya sea a favor o en contra.

    Por supuesto que entiendo que es una opinión personal, lo mismo pasa con lo que escribo aquí. No es un blog científico que necesita de fórmulas exactas para llegar a un resultado único, siempre se volcarán sentimientos y pareceres según la persona que lo haga (y menos mal que no somos todos iguales!). Y esto es aún más complicado cuando se habla sobre personas (creo que no hay ciencia más inexacta que esa).

    Con respecto al ejemplo, es un muy buen punto de vista y posiblemente sea el correcto en el caso de un adulto. El tema es cuando no se miente y la persona receptora es alguien disminuído de alguna forma (por falta de percepción de la realidad, ya sea porque se es un chico o alguna persona discapacitada, por poner ejemplos). En ese caso no se busca la ‘mentira consensuada’ y tampoco se está en plena capacidad de poder soportar o comprender la verdad.
    Parece mentira pero hoy muchos no tienen una buena lectura de la realidad y, sabiendo que la sociedad está llena de estos seres, el no mentir nos termina perjudicando a nosotros mismos también.

    Por supuesto que no me molesta que sigas comentando, eres bienvenida a hacerlo cuando quieras! Ojalá hubiera más personas que dieran argumentos con base y sustento, antes de ‘estás equivocado (o en lo cierto) porque sí’.

    Saludos, muchas gracias por el concepto y espero que te siga gustando el blog!
    PLPLE

  17. Pedro Pablo dijo:

    La mentira en si misma deriva de la verdad, si entendemos como verdad lo que nos hace libres. Libres de preocupaciones de ataduras y deshasosiegos. Mentir no conduce a ningún sitio que el malestar dentro de nosotros mismos, porque durante el tiempo en el que dura la mentira no nos sentimos bien, no somos libres. Por lo tanto uno se siente mejor cuanto mas viva con la verdad y peor cuanto mas mienta

  18. @Pedro Pablo: Mmm, no estoy tan de acuerdo, más cuando la mentira es parte del ser humano (inclusive del que constantemente busca la verdad). En cualquier momento hago algún escrito al respecto.

    Saludos!

  19. julian uribe suaza dijo:

    10 rasone por las cuales no debo mnetir

  20. Rolo dijo:

    Hola pregunta k pasa cuando dicen algo asi como el novio de mi tia entra a mi cuarto y me toca en las noches en una nena de 6 con sindrome leve de torner yo soy el esposo de la tia y te juro k nunca eh hecho nada ademas la nena hizo comentarios parecidos antes sobre otras persona tambien y ella tiene una aberracion mortal por la tia mas k por la mama lo digo pork me pone en una situacion incomoda yo creo k a la nena le paso algo para k imagine esto o son las novelas k ve con la mama hemos visto como miente y sostiene la mentira como decir k un vecino le pego cuando el nunca se le hacerco necesito ver la verdad de ella pork lo hace

  21. @Rolo: Eso deberían hablarlo con un psicólogo de forma urgente, porque es una patalogía que se sale de los márgenes comunes. Los chicos mienten de manera natural sobre cosas básicas; hacerlo sobre un tema así ya no es parte del ciclo normal de la mentira.

    Saludos

  22. Flor dijo:

    Hola, he visto este artículo y creo que me ayudó a confirmar lo que ya sé, pero sigo con muchas dudas y necesito sugerencias o estrategias para saber tratar mi caso, te cuento: Tengo una hija de 12 años recién cumplidos que a pesar de ser muy inteligente y noble, a lo largo de su corta vida ha mostrado una dificultad muy fuerte para relacionarse con sus compañeros, es agresiva física y verbalmente con ellos, algunas veces ella los provoca y otras no, se enoja con mucha facilidad ante una respuesta negativa, pero lo mas desesperante es que últimamente ha mentido mucho, es capaz de mirar a los ojos y sostener la mentira sin ningún remordimiento, aun cuando se le está demostrando que esta mintiendo. La verdad no sé que hacer, no sé como tratarla, o como hacerle ver que sus mentiras están provocando ya problemas serios, y que entienda que hay consecuencias por esto. Esperando me puedan ayudar dándome algún consejo… Gracias

  23. @Flor: No sabría qué decirte, eso deberías consultarlo con un psicólogo infantil. Creo que el lado viene por el manejo de la frustración, que trata de arreglarlo con mentiras o apremios físicos/mentales. Pero deberías tratarlo con un experto, no podría aconsejarte en un tema tan delicado.

    Saludos

  24. fernando dijo:

    yo pienso que flor tiene razón

  25. Pingback: Anónimo

  26. Ingrid dijo:

    Muy interesante y una buena guia de como observar a los hijos en esta etapa complicada.

  27. @Ingrid: Muchas gracias, pero, ¿hay una época no complicada? Jajaja
    Saludos

  28. noni dijo:

    soy una madre muy exigente y aveces sobre protectora tengo 2 hijos uno de 11 y el otro de 9….le acompasñe y estoy atenta a todos los deberes del colegio el nene de 11 años no completa los deberes y siempre como que esta en otro mundo y me miente con las notas ….miente mucho ,,parece que no le importa nada ,nose que hacer como actuar….siempre fue buen alumno …un consejo…..

  29. @Noni: No soy un experto como para darte consejos, y tampoco podría hacerlo porque desconozco el caso. Deberías consultarlo con un psicólogo infantil o un psicopedagogo. De todas formas, como habrás visto, algunas de esas situaciones son comunes y hasta normales.

    Saludos

  30. marcia dijo:

    Temas como este nos ayudan a ser mejores padres…

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