Un día Cristinista

Arrancó como un día cualquiera. De hecho, fue un día cualquiera, un día típico en nuestro Cristinista país. La primer diferencia es que arrancó más temprano que de costumbre. Dicen que “al que madruga, Dios lo ayuda”, pero como Dios debe ser argentino y maradoniano, también debe ser kirchnerista, y por eso se dan las “ayudas y milagros” que tenemos por estos lares. Y ocurrió de esa forma porque tuve que, por un par de días, cumplir con turnos de 12 horas en el laburo. No porque haya trabajo de más ni porque falte personal, sino porque uno de los de mi rubro se fue de vacaciones y, aunque se sabía desde Agosto del pasado año, recién se dieron cuenta que no tenía reemplazo un día laboral antes. Eso es algo que suele pasar con el encargado, como también el poner turnos en los que uno sale a las 22 horas y a las 6 del día siguiente debe estar allí, con apenas 8 horas “libres” para que el trabajador viaje de ida, de vuelta, duerma, coma, se bañe y haga todo lo que pueda. Falta de planeamiento o visión de cortísimo plazo que le dicen. Pero no se puede esperar algo distinto de un kirchnerista. Aunque, en honor a la verdad, sus dos secundarios (opositores ambos, aún siendo extranjeros) son aún peores exponentes.

Me desperté ya con lluvia torrencial. Miré algunas noticias en la web (con la tele en paralelo), subí un puñado de links a los medios sociales (no hace falta adivinar que todos apuntaban a nuevas sorpresas gubernamentales), interactué un poco en Facebook y Twitter (en donde me enteré de más links y de historias de sufrimiento kirchnerista que no salen en los medios), tratamos con mi señora de despertar a mi hija de su siesta, aunque supuse que con el paro nacional que iban a hacer los maestros por 2 días (gracias a la falta de aumento y potenciados por los dichos de la Presidente como que los maestros no laburan nunca y viven de vacaciones), podía seguir de fiaca un rato más. Cuando tenía esa idea dispuesta a salir de mi boca, mi mujer me anuncia que, aunque el paro se hace, la escuelita de mi nena no se adhería. Pregunté el por qué, sabiendo que la directora no es muy kakista que digamos. “Porque ahora les descuentan el día. En el último paro les sacaron como $500 a cada uno. Mientras recibía la noticia sin asombro, trataba de ver qué fórmula mágica (similar a las que usa el Indec) habían utilizado los K para descontar $500 por un día de trabajo. Si los maestros piden un piso de $3100 por mes, es porque piden unos $100 diarios si tomamos un mes entero, y no llegarían ni a $150 para los laborables. Aunque sabemos que esa es una multa por quejarse por lo que corresponde, por lo menos deberían taparlo con algo que pase más desapercibido, y no con 1/6 parte de la mensualidad de un trabajador.

Salgo a la parada del colectivo, ya con bastante más gente de lo normal en espera. Agradecí el hecho de que el paro iba a eliminar esas colas en los próximos días, pero me desdije casi al segundo, recordando que cuando no hay clases, los pibes del modelo, los que van a la escuela sólo para que sus padres cobren el subsidio, salen todos de noche a hacer desastres y el trabajador real debe lidiar con ellos en cualquier transporte de cualquier zona, ida y vuelta. En la cola, los que parecían más pudientes eran los que tenían una SUBE entre los dedos; un par de derruídas personas con bolsito (trabajadores de vuelta) hacían tintinear monedas en sus manos. Es lógico: no cualquiera tuvo tiempo para sacarla, mucho menos los que laburan y tienen que hacer colas, y no les sobran horas para chorradas. Ahí recordé que la SUBE que tenía yo aún en el bolsillo, la había sacado mi mujer (a su nombre) hacía más de un año en un correo. Yo tengo la filosofía que si el Gobierno quiere algo de mí para fines propios, deberían moverse ellos hacia mí y no al revés. Si quieren flujo de dinero al 0% de interés, definitivamente no voy a ir a hacer una cola bajo el sol. La mía, recién la pedí por internet apenas abrieron el sistema, pero como la ineficiencia kirchnerista se nota hasta en la informática, hace más de un mes que está trabada en “proceso de verificación”, haciéndome pensar en cómo harían los que la pidieron por ahí, no la recibieron, y no tienen otra que usar. “Menos mal por la tarjeta de mi mujer”, dije para mis adentros; aunque después volví a desdecirme al recordar una nota que había leído un día antes, en donde decía que los seguros no pagarían ni servirían si uno se accidenta con la tarjeta de otro. El modelo simpre tiene una excusa a mano para no responder a nadie más que a sus financistas. Ahí recordé también la noticias sobre que los chicos mayores de 3 también deben sacar su tarjeta, porque es personal y se dejarían de cobrar varios viajes de un mismo plástico (cosa que ya está sucediendo). Y mi jermu que me decía que se la saquemos ahora. Le dije que no, que salía $10. Ella me volvió a decir. Le contesté lo mismo. Me preguntó en dónde se sacaba por internet; le dije que no se podía ya. Me consultó en qué correo se sacaba, y le dije “no te importa porque no la vas a sacar”. Me miró raro, ya agarrándome bronca, y le dije (fuera de los obvios motivos): “La tarjeta sale $10. El boleto sale $1,20 con SUBE y (teóricamente, porque Schiavi sigue jugando a las sorpresas) $2,50 con monedas. La diferencia por pasaje es de $1,30. Ella no viaja casi nunca en bondi y necesitaríamos como 8 viajes para amortizar el costo. Si te la roban, tenés que pagar otros $10 (porque Cristina no se hace cargo ni de los ladrones que su Gobierno debería atrapar), y si la perdés, $17. Es al pedo sacarla”. Ella entendió el argumento.

El colectivo no venía. Generalmente es un servicio muy regular, que no demora más de 10 minutos entre coches. Pero hoy ya iban 15 y, juzgando por la longitud y ánimo negativo de la cola, podrían haber sido otros 10 más. La línea arranca en una villa (por lo que siempre hay flujo de compradores/consumidores a toda hora) y no me quería imaginar la cantidad que traería con esa demora. Si bien todos bajan en una plaza cercana a una estación de tren que los lleva de vuelta a sus far west, siempre es un riesgo. Aunque lo bueno es que a veces, de ida, te ofrecen cosas que ni los grandes empresarios pueden traer (gracias a la Ley Moreno), y al módico precio de la suma de unas cuantas dosis de paco o cocaína.

Estaba ensimismado en esos pensamientos, cuando me distrajo el sonido de una ambulancia que se acercaba desde un hospital (también cercano a la misma villa). Cuando el conductor llega a la parada, a la sirena le agregó bocinazos urgentes y se paró. El chofer empezó a gesticular hacia adelante, mientras el acompañante comenzaba a bajar la ventanilla para proferir algo bajo la lluvia contra alguien. Cuando miro hacia atrás, un cartonero con carrito estaba bloqueando el paso, cruzando perpendicularmente con su semáforo en rojo, a paso de tortuga con juanetes y reuma. “Ehh, ya vá-amigo! Tranca que tamo’ todo’ laburando ehh!”, dijo en tono borracho mientras tiraba su carro a menor velocidad aún. El acompañante no se cansó de gritarle en ningún momento cosas que todos deberíamos saber sobre la importancia de las urgencias, mientras chorreaba agua por su cara. El cartonero siguió hasta mitad de calle. Un auto que iba por por la mano contraria, paró para dejar pasar al trabajador del modelo y que éste dejara pasar a la ambulancia; pero sorpresivamente, el tiracarros suelta su carrito, se dirige a la ventanilla del automivilista… y le pide una moneda. Mientras miraba “casi” sorprendido (repito, ya tomaría sin sorpresa un anuncio de que Cristina encontró vida extraterreste y el alien es kirchnerista), no sabía si estaba viendo una escena típica de una película de Fellini, o si por ahí había soñado que me había despertado y seguía durmiendo plácidamente en mi cama. Los gritos de las mujeres de la cola me sacó de mis cavilaciones. El cartonero lanzó un Ehh, ya vá, ya vá ehhh, tenemo’ que comé’ amigooo!, pareció apreciar el riesgo de vida que corría, agarró el carro, aceleró su procesión a una inimaginable velocidad de caracol con doble casa, y dejó el paso. Todos quedaron comentando sobre el hecho, salvo un viejito canoso pitucón que jamás dejó de mirar para ver si venía el colectivo. Mientras mi casi imbatible olfato me decía que ese debía ser un alabador de la secta, ese viejito se pegó a un joven y escuchaba algo de empresas, capitales y demases. Viendo lo que había pasado con el cartonero, mientras un tipo distrae sobre capitales y empresas, casi firmo con sangre lo que mi olfato sentía.

Miro el reloj, casi y media, más de 20 minutos de espera. En punto tendría que estar ya en mi puesto, y yo a kilómetros de distancia con tan poco tiempo por delante. Me puse mirando hacia mi destino y estudié las opciones. Podía tomarme otro colectivo a 2 cuadras, que me dejaba más lejos también, y no creía que caminando pudiese llegar. Pero también tenía que cruzar una plazoleta sin seguridad en la que se reúnen los merqueros del lugar, frente a un puticlú de mala muerte. Me gustaría haber dicho que no hay seguridad porque Garré le sacó a la Policía Federal junto al resto de las plazas, hospitales, estaciones y demás, pero en realidad nunca ví un policía ahí, por lo menos desde el 2003. Si hacía el recorrido bordeando por la cuadra de la derecha, hay allí un hotel tomado en donde nunca hay menos de 3 personas tiradas en plena vereda, consumiendo cocaína y bajando la merca con tinto de tetra. A la izquierda, bueno, era volver sobre mis pasos y de todas formas me llevaba frente a otro hotel tomado, casi como el que tengo enfrente de casa. Taxis no pasaban, y me enfurecía tener que tomar uno sin haberme quedado yo dormido. Si yo erro, pago; pero sino…

Ytreintaypico llega el colectivo, pero “saturado” sería quedarse corto. Quedaba sólo el camino hasta el conductor, y éramos ya más de 20 personas en fila. Dejé pasar a un par de mujeres cuando noté que ni aunque la materia no ocupase espacio podía entrar yo ahí. Una de las que dejé pasar, ni siquiera llegaba a marcar su tarjeta SUBE. Miré el final del bus y había gente hasta detrás de los asientos del fondo, quienes vociferaban en voz alta y un par cantaban una cumbia villera. Parecía que varias dotaciones de merqueros se habían juntado en un solo bondi. Excelente. Ahí recordé también que mucha gente quedó con miedo por la tragedia del tren de Once y empezó a tomar colectivos. Nadie quería ser la víctima 52 del modelo. Y por eso, los convencidos de la política K le hicieron caso a Schiavi y viajaban todos atrás…

Dejo pasar al resto, enfurruñado, y vuelvo a recalcular si convenía esperar a otra unidad, tomar otra línea, o subir a uno de los taxis que casi no pasaban por el lugar. Mientras trataba de decidir a las casiycuarenta, escucho que alguien dice que es un desastre lo de los colectivos y que había que tirarles miguelitos para que rompan ruedas y aprendan a laburar. Miro a quién lanzó tan extraña e inútil idea: era el viejito canoso pitucón que había olido como kakista a personas de distancia. No tenía tiempo para pelotudeces, y seguía mirando si aparecía otra unidad a la distancia o un taxi en las cercanías, mientras el viejo hablaba una boludez tras otra. Le lanzo (en tren confirmatorio) un “…y, otra cosa no se puede esperar con lo del tren y la Presidente que tenemos”. El viejo respondió, sin sorprenderme, que el tren no tenía nada que ver y que todo estaba fuera del alcance de Cristina. Parece que para la Fernández todo está fuera del alcance, salvo los 70 millones (demostrados) de patrimonio. El hedor Kretácico me llegó hasta la glándula pineal, mientras el panfleto parlante de la secta seguía con sus irracionales raciocinios. “Te mandan un coche cada media hora porque les conviene” decía; mientras yo trataba de articular algún pensamiento en el que eso pudiese haber sido cierto, sin ser una línea altamente subsidiada como Plaza o TBA, por ejemplo. “Los empresarios son así, todos hijos de puta. Esta línea la tienen unos gallegos de mierda que son peor que los judíos mismos, se guardan toda la plata y explotan a la gente, a ellos no les importa”. Ese comentario me hizo sonreír visiblemente por los variados niveles tragicómicos que expulsaba. Se me agolpó esa comparación con los mismos Kirchner, me pregunté qué tipo de respeto se puede tener por una persona que basa toda su idea en racismo, recordé que el Gobierno mismo fomenta ese tipo de odios irracionales, y hasta me pregunté a quién defendería Lubertino si estuviese en esa cola cuando se encontrase con una idea que fuese kirchnerista y discriminatoria también (aunque pensándolo bien, tal vez no haya idea kirchnerista no discriminatoria).

Estuve muy cerca de cagar a golpes a semejante viejo hijo de recontra mil putas paridas por el orto de un pingüino vomitado por su padre muerto. Muy, pero muy cerca. Pero algo hizo click en mí, algo que calculo que fue similar al cambio que tuvo Ned Flanders en su infancia, cuando pasó de violento a pacifiquiriquillo. Supe que la Argentina era inevitable, incambiable, y no importaba cuánto me esforzara yo por hacer las cosas bien, estaría destinado por siempre al suplicio de sufrir y fracasar a diario, gracias al entorno que nos ha impuesto nuestra Sra. Presidente y la desidia del resto de los argentinos. Era al pedo pelearla. El demoledor modelo kirchnerista lo había demolido todo de forma tan exitosa, que hasta las cosas más básicas en cualquier sociedad habían desaparecido. Estaba parado en el medio del desierto, sin comerla ni beberla. O tal vez sí, porque tampoco hice nunca el esfuerzo de agarrar un fusil y que los K importen plomo a lo pavote. Tal vez no hice todo lo suficiente.

El viejo pelotudo seguía hablando, aunque descubrí que había bajado la velocidad del discurso y se había alejado un poco. Ahí me dí cuenta que había estado diciendo con la cabeza de manera lenta y mecánica (como cuando se lo decimos a un chico hinchapelotas o a un completo loco), y en la vidriera de la esquina ví que tenía una cara de festejo malvado, con una sonrisa para el costado, a forma de mueca. Una facción digna del protagonista Donnie Darko hacia el final de la película. Apareció un taxi, y mientras le hacía señas, le levanté la mano al viejo, instándolo a que pare con su cháchara. “Me voy en taxi, ya no llego. Chau”. Mientras abría la puerta me lanza el último “Ah, ¿llegás tarde al trabajo?”. Le respondí con un escueto “sip” y cerré la puerta antes de que me señalara como culpable de eso a Obama o a Clarín.

Cuando tomo taxis, por lo general llego un ratito antes, por eso me bajo antes. Eso me da tiempo para no llegar demasiado temprano, poder caminar y reflexionar, y comprar cigarrillos en el kiosko. Le dije al taxista que me dejase unas 4 cuadras antes, porque supuse que podía llegar igual con tiempo (la diferencia que le saca un auto a un colectivo es enorme). Empezamos el camino y el tránsito estaba complicadísimo por todos lados. Yo, cada vez más nervioso porque parecía que ni en taxi llegaba ya. El taxista, al primero atoro, arranca la conversación: “Es uniforme de trabajo, ¿no?”. Miro para corroborar que estaba vestido con camisa y pantalón de naranja flúo y zapatos con punta de acero, y elijo responder un “…sí” por sobre “No pelotudo. Me descubriste, soy el Power Ranger naranja y llego tarde a una misión”. El tipo empieza a hablar de bueyes más perdidos que encontrados, y rememora una empresa de armado de vidrieras que tenía antes con un socio/amigo que se murió en Diciembre, que se vino abajo porque a nadie le importaba ya el armado de vidrieras. El tachero no paraba con el dale que dale, mientras el reloj de su torpedo ya marcaba ycuarenta, y yo seguía lejos de mi destino. Noté que agarraba por la columna derecha de las avenidas, síntoma de que tenía ganas de hablar. Pero en mi estado extraño, no tenía fuerzas para conminarlo a que tome el carril rápido y que le meta pata.

Seguía con la eterna catarata de lágrimas en el recuerdo, mientras ya casi estaba asintiendo como con el viejo anterior de la parada de colectivos. A través de la ventanilla veía atoramientos, gente nerviosa, paradas sin número pero con un “González Catán” en blanco sobre azul con cuadra y media de doble cola, vidrieras vacías (“que ya ni se hacen bien, mirá lo que es eso, ¡mirá! ¡Una vergüenza! En mi época, eso hubiese quedado…”… y seguía… y seguía…), los carritos de otros cartoneros que se cruzaban por donde no debían y a destiempo, las estaciones de tren con gente que salía fastidiosa y los 3 micros gubernamentales y 200 truchos que seguían compactando el tránsito. Pasaban los minutos, y no tanto las cuadras. Ya eran casiycincuenta y le dije al tachero que siga hasta mi laburo, distrayéndolo con un poco de discurso sobre el mío propio. Llegamos y casi ni propina quiso, por más de que yo se lo habilité. Me bajé y encaré rápido hacia mi trabajo, cuando se aparece otro ganador del modelo, con una mitad recortada de botella plástica llena de algún líquido alcohólico, espetando un “olaaamigooo, no tené una moneda que estoy si´ laburo, ehhh?”. No recuerdo si dije sí o no mientras continuaba a toda máquina. Escuché algo de “ortiva” y “taxi“, supongo que alguna puteada por no redistribuír mi sueldo de rico con él, que no puede viajar en taxi, salvo para afanarlo. Cuando marqué en el reloj, eran ydos. Fue la primera vez que llegué tarde a mi laburo en 2 años. Más de 600 días de luchar por cumplir, de tratar de escuchar el despertador a tiempo (cosa que siempre fue mi Talón de Aquiles), de calcular tiempos, correr, ser responsable, llueva, truene, en fines de semana y en feriados. Y todo eso se va a la mierda en un día porque vivo en la Argentina Cristinista…

Dejo mis cosas y salgo de camulina al kiosko de la esquina. Y lo tengo que hacer de esa forma, porque los que estaban a ese horario eran todos kirchneristas uocristas, que no temen en mandarte al frente cuando pueden (aunque ellos hagan lo mismo todos los días). Salgo rezando que no me pase nada (debía estar adentro y tenía encima la SUBE de mi esposa, un verdadero terrorista), y cuando llego había una discusión en marcha. Un flaquito con mochila, con porte “yo sé mucho porque leí todos los libros de Marx” mezcla con “soy el hijo del viejo puto de la parada de colectivos”, tenía la susodicha tarjeta violeta en mano y con una voz inentendible le decía algo a los dos kioskeros. Al toque supe que se quejaba del recargo, porque allí te cobran $0,50 por cada operación, importe que abono gustoso sabiendo que son los únicos que tienen el cartelito que realmente recargan.

Efectivamente, el kioskero dijo “…pero yo no puedo laburar gratis o por migajas. Tengo un negocio, no una beneficencia.” El socialist-boy sale con “Pero eso lo tenés que arreglar con la empresa. Nosotros no tenemos que pagar más por algo que es gratis.”. Responden “Pero la empresa te dice que es así o nada. Yo tengo que ponerla todos los días (haciendo gesto de dinero) y tengo que vender un montón para hacer unas moneditas.”. El mini-Che sigue con “Pero eso no está bien, Cristina dijo que está mal y es ilegal lo que hacen”. Mi sonrisa Donnie Darko ya estaba aflorando otra vez y estaba por intervenir sin que me llamen, cuando uno de los empleados liquidó “Es fácil. Si la gente la saca igual, es porque saben que les conviene. Andá a sacarla por acá a ver si podés. Y nosotros podemos porque cobramos cincuenta guitas nada más para poder seguir dándoles el servicio a ustedes. Si nos denuncian, vienen y me sacan el sistema y listo, los que se joden son ustedes. Yo hasta te diría que me conviene, pero me da cosa porque sé lo que cuesta recargarla porque toda mi familia la usa. Es muy fácil, si no te gusta, no pagues y seguí buscando. Me dá lo mismo”. El joven idealista se dio media vuelta y se fue, sin decir una palabra y seguramente (lo digo por experiencia) todavía buscando un lugar en donde tengan créditos para recargar la maravilla kirchnerista. De todo corazón, espero que se haya quedado sin monedas. Por ahí mañana lo veo todavía yirando en la búsqueda por el Santo Grial. Cuando pedí mis cigarrillos, me sonreí y les dije Es gente que no entiende cómo funciona el modelo kirchnerista”. Y por primera vez en el día, creo que alguien entendió de lo que hablaba.

Vuelvo a mi puesto y me llamaban por teléfono para que vaya a retirar mi recibo de sueldo. Cuando voy a firmar, un par de compañeros (de trabajo y kirchneristas también) relatan una fantástica historia que cuenta cómo los empresarios te cagan por no hacer los recibos como antes, y que debería ser algo que el Gobierno tendría que obligar a cambiar. No importan las coimas, los golpes en las plazas, los drogones cheteadores de la calle, los que no tienen techo, ni los muertos en los trenes; sí importa que hagan los recibos de sueldo a mano. La lógica es un bien más difícil de  encontrar que el diamante en la Argentina Kretinista. Si sólo cotizara en bolsa…

Otra vez, retorno a mi lugar. En la tele siguen pasando noticias de violaciones y abusos de todo tipo por parte del Gobierno, y ya son noticias diferentes a las que ví hacía unas horas. Lo único que puede llegar a sorprenderme es la velocidad del destructivismo K. Y nosotros nos asustábamos del LHC que podía crear un agujero negro y consumirlo todo… Me llama mi mujer al celular (cosa rara) y me avisa que en casa se habían quedado sin luz, previo zapateo voltaico que había amenazado con romper la nueva PC que nos costó años comprarla y que tenía apenas semanas de uso. Edesur había vuelto a sus andadas, y era lógico sabiendo cómo el Gobierno controla a las empresas. No supo fiscalizar a TBA pese a todas las muertes ferroviarias que trajo, ¿cómo pedirle que controle la falta de luz si no mata a nadie (de forma visible)? Lo único que sabe hacer Cristina, es poner multas que, a lo sumo, le hacen cosquillas en el meñique del pie (o en la uña del mismo dedo si son empresas monopólicas amigas). El flujo de dinero lo es todo, la seguridad y la eficiencia se charlan por 678. Mi mujer, ya aceitada en el tema, había desenchufado todo lo importante y había pasado lo más perecedero de la heladera al freezer.

Termino mi turno de 12 horas y salgo hacia la parada del colectivo de vuelta. Por suerte no tuve que lidiar con nuevos personajes callejeros porque la unidad llegó rápido, pero quedaba todavía una parada en una plaza cercana a una estación, en donde 2 de 3 veces sube/n alguno/s para comprar merca en la villa. Efectivamente, llega allí y 3 favorecidos del plan redistributivo suben casi de prepo. El colectivero les grita y les dice que respeten al pasaje que tiene que ir a laburar y no tiene tiempo que perder. Se para al costado de su asiento, y yo estaba debatiéndome entre seguir dejar pasar el día Cristinista o ayudar al chofer si las cosas se ponían feas. Los 3 tipos vuelven desde casi la mitad del bondi, dicen “ehhhh, no te calentéee, todo bien, yo pago, yo pago”, y uno saca monedas para pasaje para dos. El tercero se hace el dolobu y se queda en el medio. El colectivero vuelve a decir que se dejen de joder, los futuros camporistas dicen que no tienen, el chofer sigue con su negativa, y los verdaderos cánceres de Cristina manguean monedas en los asientos de adelante. Juntan un par de monedas hasta que uno, cansado, le paga el viaje con su SUBE. Los tipos tiraron un “grasia´” al vuelo, y jamás devolvieron las monedas que habían recaudado. Se sientan en el fondo, justo detrás mío. Escucho que hacían la lista de compra de merca (para eso sí son organizados) y no se deciden si comprar “alita de mosca” o no. Terminantemente deciden que no, porque “cada ve´ que la tomá´ terminá´ viendo muerto´ y hacé boludece´”. Ahí caigo en cuenta que debe ser la que toma ELLA.

Llegando a casa, saludo al barrendero habitual (que hace una semana le robaron todas las bolsas de basura y una pala, supongo que para enterrar a alguien, porque los modelistas no laburan) y llego a una casa completamente oscura: Edesur todavía no había repuesto la energía. Yo, “con la fuerza de Edesur”, me tiro completamente desanimado en el sillón, rezando que ese desánimo no dure las casi 12 horas de corte contínuos. Al ratito se levantan mi mujer y mi nena porque no podían dormir más en una habitación sin ventanas ni ventilador, y se preparan de a poco, a media luz, para el colegio. Mi hija pregunta si se volvió a cortar la electricidad, yo le digo que nunca volvió. “A veces volvía rápido” dice, mientras yo reía de buena gana recordando nuestros piquetes contra la empresa y el largo historial de problemas avalados por la falta de control del gobierno K. Inclusive mientras editaba este mismo post tuve que suspender la tarea por dos cortes que se sucedieron luego.

Todo ésto, sólo en un día. Un día que va siendo más común de lo normal, y menos normal que lo habitual. Va a ser mejor que me vaya acostumbrando a este tipo de días, porque creo que quedan unos cuantos parecidos. La Argentina del sentido común quedó muy atrás. Y mientras tanto, aquí, en el País, un nuevo día, comienza…

PLPLE

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Tratando de entender el mundo sin morir en el intento...
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11 respuestas a Un día Cristinista

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Una cosa es segura: los días por venir van a ser peores a los que padecemos y padecimos mientras nos gobierne una oligofrénica, nunca vamos a ver lo peor, aunque nos parezca que vimos lo peor, porque lo peor viene al día siguiente, y al siguiente viene algo peor que lo supera. ¡Es difícil acostumbrarse a vivir de pesadilla en pesadilla, sin embargo nos estamos acostumbrando..! ¡Hay que esperar que nos toquen el bolsillo! y ahí sí el Bolsillo va a ser el paladín del estallido social y justiciero, no hay otra: el CHE BOLSILLO revolucionario!

    Saludos!

    • @Eduardo: En eso tenés mucha razón: no van a ser días iguales, sino peores. La costumbre y la dejadez les van a ir dejando mayor terreno para que se manden más y más fechorías. Yo me sigo resistiendo a la costumbre y al darles espacio, pero hay veces que te abruman con tanto descontrol por tantos costados.

      Saludos!

  3. ioseelmago dijo:

    che,muy bueno,lo del viejito mortal,me lo tome a risas,y que queres,si la realidad es para llorar. saludos

  4. Nelo Luvaris dijo:

    Dos cosas: Por los atuendos que decís vestir para el trabajo y los horarios intuyo que debes laburar en alguna obra Civil/ vial, no?
    La otra, la alita de mosca ni siquiera es cocaina, es una mercucha barata que se hace con anfetas. Te parte el balero en 20 minutos y el corazon en 2 años…
    La K puede llegar a tomar Alita, porque ni tiene ni cerebro ni corazón

    Abrazo.

  5. Nelo Luvaris dijo:

    Eso era antes, es mas, hasta te puedo decir que era MEJOR que la cocaina comun (Pila, tiza, ladrillo,etc), se logró replicar el efecto de la “cepa original” de la “alita” con anfetas y demás mierdas… hoy es eso lo que toman los pibes: Mierda de mierda. Antes por lo menos se mataban mas dignamente. QUEREMOS UN PLAN MERCA PARA TODOS!!! jajajajaja!!! en cualquier momento sale…

  6. liam978 dijo:

    Bienvenido al planeta tierra, donde los gobiernos gastan miles de millones en guerras, tecnología espacial y políticos que no los contratarían ni para barrenderos mientras millones se mueren de hambre, en el peor de los casos, mientras el resto lucha más que en la edad de piedra para sobrevivir y procurar un mundo ligeramente mejor para su prole y no es solo este país sino todos…”La lógica es un bien más difícil de encontrar que el diamante en la Argentina Kretinista. Si sólo cotizara en bolsa…”, el diamante es superabundante en comparación a la lógica el mundo podría ser infinitamente mejor si sólo uno de cada mil tuviera una pizca , pero no es así y otros países están un poquito mejor porque son países industrializados y expoliaron a todos los que se encontraron en incapacidad de defenderse desde las minas de potosí a los pozos petroleros de Irak en pleno siglo XXI, tienen mejores economías y sistemas educativos pero igual están llenos de personas que se refugian en las drogas y le importa todo tres porongas y eso es así porque perdieron su condición humana en un sistema sin oportunidades de llevar una vida digna o producto de una cultura idiota y trastornada ( basta mirar la tele de 5 a 10 minutos como prueba) .

    Otro tema que veo es la pobreza en cuanto a criterios políticos y es así acá y en todos lados los gobiernos populistas se encargan muy bien de dar tres o cuatro argumentos básicos para desviar las discusiones de fondo y que el elector vaya feliz y convencido a depositar su cheque en blanco (voto), que sea normal no implica que deje de espantar pero lo veo así acá y en todo el mundo.

    En síntesis entiendo tu frustración e impotencia por un sistema incapaz de brindar los servicios básicos y dar la seguridad mínima como para que el trabajador cumpla con su responsabilidad pero por la mente de los políticos no gira últimamente esa idea , si es que gira otra que no sea enriquecerse y perpetuarse en el poder, y no es de ahora, me parece más bien un día en el mundo más que un día en la Argentina.

    • @Liam978: Pienso muy parecido, pero creo que el kirchnerismo encontró esa vuelta de tuerca que muy pocos países encontraron, y es la de idiotizar y controlar (a la vez, cosa que tampoco es fácil) sin siquiera perder peso político (de hecho, lo ha sumado). Esa creo que es una especialización propia de este gobierno. Los otros tenían las intenciones, pero no las ideas.
      Pero si la suerte quiere, queda poco para que entremos en otros días de Argentina, unos similares en cuanto al maltrato al ciudadano, pero a eones de distancia del kirchnerismo…

      Saludos!

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